Opinión

Don Mariano de Isengard se ríe de Albert Nose Entera, el paladino naranja

Don Mariano de Isengard se ríe de Albert Nose Entera, el paladino naranja

Publicado: 4 de marzo de 2017 10:23 (GTM+2)

Juego de Mustios. Capítulo IV.

Albert Nose Entera, Gran paladino del clan naranja, esperaba en la fortaleza azul genovesa donde maletines pasaban de mano en mano y muy diferentes personas se entregaban sobres y cajas de puros en sus narices. Albert estaba sentado en un banco de piedra muy frío mientras veía como la marquesa y lideresa pija Esdeguasa Ytriste, jefa del clan Alí PaPá en Mhadrit, conducía un coche de caballos de manera alocada por el patio de la fortaleza. Del coche caían fichas del bingo y sestercios de plata, monedas de cuando ella entró a mandar entre los cuatreros genoveses de Mhadrit.

El Maniquí Real, como era conocido Albert, pasaba mucho frío con sus ropas finas y zapatos de diseño. Llevaba ahí horas debido a que le habían comunicado que el Gran Khan de la corrupción, Don Mariano de Isengard, estaba reunido con su Alto Consejo del Clan Azul para discutir las condiciones que Albert, Gran Paladino del clan naranja, había impuesto a su majestad Plasmatrón, el Ovni de Pontevedra, para apoyarle ante el caballero rebelde, Pédrogorn hijo de Arathorn. La nieve le llegaba a los tobillos y ya le chirriaba en los oídos los gritos de la lideresa pija Esdeguasa Ytriste que cantaba 'Línea' y 'Bingo' mientras atropellaba a los pobres campesinos que trabajaban las tierras del Clan Azul.

De repente una figura mustia apareció junto a él sin hacer ruido, dando Albert Nose Entera un respingo. Se trataba de Havi Fernán Hez, el Gran Mustio del Principado de Astrustras, en Avecrenia del Norte, que era esclavo de Don Mariano desde que Chuchana Lannisther así lo decidiera como prenda del pacto del PSUSA con el Gran Khan de la corrupción.

Fernán Hez señaló una puerta y comenzó a arrastrar los pies hacia ella. Albert lo siguió mientras se ajustaba los ropajes y el pelo viendo como el coche de Esdeguasa Ytriste estacionaba en un puente impidiendo la vuelta a sus chozas de los campesinos y se bajaba para quitarles la ropa y el pan.

Albert Nose Entera hizo un gesto falso de indignación con lo que vio pero Fernán Hez ni siquiera le dio importancia. Subieron enormes escaleras de oro donde gente muy bien vestida no paraba de darse abrazos y entregarse maletines.

Finalmente llegó al vestíbulo que precedía al Salón del Marca, donde estaba Don Mariano de Isengard reunido con su Alto Consejo discutiendo las duras condiciones impuestas por Albert, el jefe del clan naranja.

Se oían risas, y algún ¡uy! Albert Nose Entera preguntó qué eran esos sonidos a una señora de negro, con las manos cogidas sobre la panza, que lo miraba desde un rincón. La señora no hizo nada, solo encendió dos velas negras y siguió callada. Entonces Albert se dio cuenta de que era Chuchana Lannisther, la más mala de todas las criaturas que habitaban Avecrenia. Chuchana estaba pasando la mano por el lomo a Fernán Hez, que le había llevado un roscón de reyes que ella se zampaba sin compasión. Luego, ordenó al esbirro Fernán Hez, que se fuera y se puso a retorcer cuellos de pollos, salamandras y sapos, que tenía en un puchero junto a ella.

Albert fingía estar escandalizado con lo que había contemplado desde que entrara en la fortaleza genovesa azul. Que clase de gente reinaba en Avecrenia desde hacía siglos. 

De repente sonó ¡Gol! El grito provenía del interior del Salón del Marca.

Albert fue a llamar pero la señora le dijo 'no' con la mano.

Pasaron ocho días hasta que el Consejo de Don Mariano deliberó las condiciones del Paladino Albert Nose Entera. Allí estuvo en la puerta, durmiendo en el suelo, muerto de frío, a base de caldo negro que le daba Chuchana Lannisther de su puchero.

Finalmente las puertas del Salón del Marca se abrieron y para su asombro, allí no había nadie, excepto Don Mariano de Isengard que, fumando un puro y viendo el fútbol le invitó con un gesto a que pasara.

Albert le preguntó:

- Don Mariano de Isengard ¿Donde está su Consejo de Notables?

- Aquí, reunido, ¿no lo ve? - le respondió Don Mariano sonriendo.

Acto seguido echó una firmilla sobre las condiciones de Albert y dijo ¡Ala, márchese!

El Paladino naranja se fue feliz y a la vez contrariado. Tenía la sensación de que no estaba todo atado, sobre todo porque, cuando llegó a su palacio naranja vio que en la firma ponía, Mariano 8 Pagafanta 0.

Anteriores capítulos de la Saga Mustia: 

Capítulo 3. JUEGO DE MUSTIOS, Zapatir corona a Chuchana

Capítulos 2. JUEGO DE MUSTIOS, la alianza de Chuchana y Mariano

Capítulo 1. JUEGO DE MUSTIOS Una agente de Isengard