Opinión

Don Mariano, el Caronte de la política, donde pone el apoyo, pone la bala

Don Mariano, el Caronte de la política, donde pone el apoyo, pone la bala

Publicado: 1 de junio de 2017 12:34 (GTM+2)

La barca de Caronte de Josep Benlliure. Museo de las Bellas Artes. Valencia.

La barca de Caronte de Josep Benlliure. Museo de las Bellas Artes. Valencia.

La última víctima del apoyo de Mariano Rajoy ha sido el Fiscal Jefe Anticorrupción, Manuel Moix. No ha durado ni 24 horas desde su claro apoyo.

Hace pocos días, cayó en desgracia Susana Díaz, a la que mostró claras simpatías el presidente. La lideresa, que ahora va unida a la imagen de la derrota, era la preferida por la derecha mediática y política, y ahora está luchando desesperada por mantener su trono en la Junta y en el PSOE andaluz.

Antes que ellos, Mariano Rajoy apoyó a Esperanza Aguirre, Rita Barberá, Rodrigo Rato, Manuel Soria, Luis Bárcenas, Ignacio González, Francisco Camps, Jaume Matas... y tantos y tantos otros, que han acabado muy mal, de una manera u otra.

Y es que Mariano Rajoy es como Caronte, el barquero de Hades, el guía hacia el inframundo griego que cruzaba en su barca el río Aqueronte, donde llevaba al reino de los muertos a las sombras errantes, tras el pago de una moneda.

Don Mariano achicharra a todo aquel que le rodea, los convierte en Ícaros, que caen al acercarse a él, al Rey Sol. Es como la Medusa que petrifica al que lo mira fijamente. Es el pistolero más rápido del Far West, y no suele ni desenfundar. Mientras el Ovni de Pontevedra escucha la pianola rodeado de humo, aquel que lo desafía por detrás o incluso le protege, es fulminado por un titular o por la Providencia.

Ha ido ahogando en su humo espeso a líderes aznaristas, a ministros y dirigentes de su partido, a todo aquel que le planta cara, muy pocos pueden resistir su mirada ojiplática. Cifuentes recibió su apoyo hace poco y la política madrileña se levanta de madrugada, a leer todos los titulares, asustada, esperando su turno.  

A Mariano Rajoy, una sheriff andaluza le avisó de que iban a cargarse a Pedro Sánchez, por eso no movió un músculo en agosto de 2016, firmó el pacto con un pagafanta del partido naranja sabiendo que no lo iba a cumplir y siguió fumando, creando su humo exterminador.

Su confidente, venida del Sur, iba a ejecutar al rebelde Sánchez, y así se hizo el 1 de octubre. Semanas después Mariano reinaba de nuevo. Pero ahora su confidente ha acabado fracasada, achicharraita, y Pedro Sánchez ha vuelto de entre los muertos.

Don Mariano está ahora algo incómodo, quizás pierda el poder y con ello, la protección de los dioses de la Justicia. Si eso ocurriera, Caronte Mariano, podría acabar navegando en su propia barca, hacia las jaulas del inframundo político y judicial donde le esperan todos las almas petrificadas por su sorprendida mirada.