Opinión

El día que descubrí la Cataluña profunda

El día que descubrí la Cataluña profunda

Publicado: 22 de agosto de 2017 10:09 (GTM+2)

Hace tiempo, junto a un amigo, decidimos ir a dar una vuelta y cenar en Mérida, una ciudad que se encuentra a unas dos horas en coche desde Sevilla.

Cuando estábamos cenando, pensamos: "ya que estamos aquí..." y al final acabamos cuatro días después en París habiendo cruzado y descubierto de camino todo el norte de España.

Este fue mi primer gran viaje y una parada obligatoria fue Cataluña. Pernoctamos en un pequeño pueblo de Lérida, llamado Tárrega, y descubrí muchas cosas que los que no viven en Cataluña y no la conocen deben saber para entender como funciona la sociedad catalana.

Desde fuera, mucha gente cuando ve en televisión a un político catalán hablar en catalán no comprende que simplemente es su idioma. En muchos puntos de España cuando esto ocurre se piensan que hablan así "por joder".

Cuando llegamos a Tárrega, tras dejar nuestras cosas en el hotel, quedamos con unas amigas en la otra punta de la localidad y teníamos los móviles totalmente secos de batería, así que los dejamos cargando.

Entonces preguntamos a una mujer, de mediana edad, si nos podía indicar como llegar a la calle que buscábamos. Le preguntamos en un andaluz profundo y ella nos respondió: "Per descomptat, segueix recte ...".

Al finalizar su explicación la miré con cara desencajada y le dije: "Más o menos me he enterado, pero somos de Sevilla y todavía el Catalán no lo dominamos muy bien...". Entonces, ya en Español nos dijo: "Disculpa, no sabía que erais castellanos..." y nos explicó muy amablemente como llegar al sitio que buscábamos.

Tras visitar a las personas que íbamos a ver volvimos a encontrarnos un poco perdidos por este precioso pueblo de la comarca de Urgel y queríamos buscar algún sitio donde comer, recordad que los móviles los dejamos cargando en el hotel, así que volvimos a preguntar, esta vez a dos chicas de unos veinte años, si podrían indicarnos un lugar donde cenar algo.

Una de las chicas nos comenzó a indicar diferentes sitios donde poder comer cuando su amiga la interrumpió en catalán y comenzaron a intercambiar algunas frases en su idioma que entendimos más o menos.

Seguidamente la chica volvió a hablarnos en castellano y nos dijo: "Mira te íbamos a decir que fueras por allí recto que hay algunos bares donde podéis pedir algo para cenar y que por allí preguntaseis pero mejor evitarlo ya que alguna gente es un poco arisca con los castellanos. Si queréis ir a lo seguro dar media vuelta y allí encontrareis una pizzería muy buena...".

Al llegar a la pizzería nos encontramos toda la carta escrita en catalán, algo que nos esperábamos ya que todas las señales de tráfico, o rótulos de las tiendas estaban en este idioma. A diferencia del país vasco, donde habíamos estado esa misma mañana, que en todos los rótulos suele aparecer la traducción al castellano.

La dependienta de la pizzería nos atendió primero en catalán y luego al pedírselo comenzó a hablarnos en castellano y muy amablemente nos explicó la carta. Tras comernos la pizza volvimos al hotel y allí encendí un rato la tele y descubrí por primera vez los diferentes canales con los que cuenta la televisión autonómica catalana.

Especialmente me sorprendió un canal dedicado las 24 horas a información en directo, algo que en Andalucía no tenemos ya que Canal Sur emite, por ejemplo, una película de Mari Sol cuando está produciéndose una noticia de alcance.

Esta fue mi primera experiencia en Cataluña y me sirvió para sacar muchas conclusiones, positivas y negativas. En primer lugar, el catalán es un idioma, es su idioma y es normal, positivo y enriquecedor que lo utilicen.

Luego también descubrí que algunas personas, sobre todo en pueblos más rurales, no destacan especialmente por una amabilidad inusitada con los "castellanos". Por último comprendo que si yo fuese catalán me costaría mucho encontrar lazos de unión con el resto de España, sobre todo si viviese en un pueblecito como este.

Quizás la época de la represión de la dictadura franquista ha provocado, con el paso de los años, el efecto contrario y ahora, prácticamente, la represión se produzca en Cataluña contra los que llegamos de fuera.

Por supuesto, no se puede generalizar, tendría que llevarme mucho tiempo viviendo en Cataluña para poder entender bien su cultura pero lo que está claro es que, hace ya mucho tiempo, dejamos de compartir una misma nación, al menos cultural.

Y quizás ahí está la clave. Deberíamos avanzar hacia una sociedad catalana, andaluza y española mucho más tolerante con las singularidades de cada comunidad, nación o como queramos llamarlo.

Y también avanzar hacia una sociedad que huya de la centralidad, pero no porque unos 'politicuchos' digan que "en Madrid nos roban".

Mientras nos peleamos por la independencia se nos olvida que la derecha gobierna en Cataluña, en Andalucía y en España.

El problema no es hablar catalán o hablar español, ni sentirse catalán, sentirse andaluz o español. La derecha agita las banderas para despertar sentimientos que hacen que desviemos la atención de problemas más graves.

Es el momento de decir basta y unirnos contra el que siempre ha sido el enemigo: la derecha fascista y corrupta que promueve recortes y desigualdad en Cataluña, Andalucía y en toda España.