Opinión

No es lo mismo insultar que definir

No es lo mismo insultar que definir

Publicado: 12 de septiembre de 2017 12:33 (GTM+2)

Recientemente, algunos de mis artículos han sido muy comentados y compartidos. Muchos, la mayoría, han comentando lo que el artículo contaba, pero otros se han centrado en como se contaba.

Cada medio tiene derecho a tener su propia línea editorial. En nuestro caso creo que la línea editorial está clara y nuestro estilo también. Por suerte no tenemos ningún anunciante o accionista que nos diga qué podemos y qué no podemos escribir.

Los ingresos nos llegan por fuentes automatizadas de publicidad que hacen de intermediario entre nosotros y los anunciantes. Esto significa que no tenemos que negociar y tramitar los anuncios cara a cara.

Esto nos da una tranquilidad y seguridad que jamás tendríamos escribiendo para un medio tradicional. Es por ello que desde un primer momento decidimos contar las cosas sin eufemismos ni medias tintas y es algo que llevamos manteniendo desde el primer día.

Ahora esta forma de contar las cosas se ha vuelto viral y es algo que lógicamente nos agrada porque consideramos a nuestros lectores como una familia y que la “familia” crezca siempre es bueno.

Pero al mismo tiempo me preocupa que la noticia sea cómo contamos las noticias y no la noticia en sí. En dos artículos sobre Rush Limbaugh lo definí como “un gilipollas” y muchos han aprobado esta definición pero otros nos han reprochado que “insultemos” en un titular.

Un insulto es una acción que ofende o humilla a una persona, cuando yo empleo esa palabra en el titular no lo hago con intención clara y directa de insultar o humillar a este sujeto. Empleo esta palabra porque es la que mejor se adapta a lo que es y lo que representa este individuo. Rush Limbaugh, es un seudo periodista estadounidense que acuñó el término “feminazi” para referirse a las mujeres que están a favor del aborto.

Presenta un programa de radio en Estados Unidos que es escuchado por más de 13 millones de personas cada semana y es un claro defensor de las políticas de Donald Trump.

La RAE reserva el uso de la palabra 'gilipollas' para quien es excesivamente tonto, estúpido o lelo y si todos estos argumentos no fueran suficientes para incluirlo dentro de esta definición llegó el huracán Irma.

Según Limbaugh, las advertencias sobre la tormenta y su fuerza demoledora eran sólo ingredientes de una conspiración que tiene por fin convencer a la humanidad de que el problema del cambio climático “es real”.

El controvertido presentador de radio estaba convencido de que los medios exageraron la amenaza del huracán. Sostuvo que la prensa pintaba a Irma como letal aunque después se comprobara que las tormentas “nunca son tan fuertes como informan”.

Sin embargo, cuando comprobó el rastro de destrucción que dejó el huracán a su paso por el Caribe tuvo que salir corriendo de su casa, situada en Florida.

El huracán ha dejado al menos 40 muertos y daños materiales por valor de miles de millones de dólares. Ha sido el más fuerte jamás registrado en el Atlántico y ocupaba una superficie del tamaño de Francia.

Este hombre sostenía que los medios lo exageraron para vender más placas solares, así que definirlo como gilipollas no es un insulto. Es eso, una definición, ajustada a la realidad.

Jamás emplearía la palabra gilipollas para definir a un político. En política no existe el blanco o el negro, en su lugar hay mil tonos de grises y cada uno ve las cosas más claras u oscuras según su propio punto de vista.

El editorial de ‘El País’, en el que se calificaba a Pedro Sánchez como un "Insensato sin escrúpulos" sí era un insulto, tanto a Pedro Sánchez como a la inteligencia de sus lectores, los que le queden.

Si yo, al leer este editorial, dijese que en ‘El País’ ya no quedan periodistas y lo que hay son prostitutas al servicio del IBEX 35, no les estaría insultando si no describiendo. Pero no lo digo porque creo que en el fondo todavía tiene que quedar ahí alguien que no se haya vendido.