Mariano Rajoy, el don Tancredo monclovita

Querido M. Rajoy:

Lo de la brecha salarial entre hombres y mujeres es asunto que en tu partido se viene defendiendo desde tiempos inmemoriales. No hay más que echar una ojeada, por ejemplo, a los papeles de Bárcenas. Ni una sola mujer. Todos hombres: Javier Arenas, Rodrigo Rato, Mayor Oreja, Álvarez Cascos y demás ralea corrupta –incluyendo a un tal M. Rajoy– constituían la monipódica tropa varonil que desde finales de los años 90 recibía jugosas soldadas en B. Se ve que la corrupción suele ser cosa de machirulos. Esta semana, a la pregunta del periodista Carlos Alsina sobre si deben cobrar lo mismo un hombre y una mujer ante un mismo trabajo, tu brillante respuesta (brillante en la desfachatez, claro) no ha sido otra que: “No nos metamos en eso”. Pues muy bien. Pues vamos a meternos nosotros.

Resulta que no solo tenemos al presidente más corrupto de Europa. O al que más simplezas por minuto dice. Desaparecido del mapa el impresentable Berlusconi, te eriges también, Mariano, en el más machista. Si en Islandia, Alemania y Reino Unido –ya que gustas de nombrar para según qué cosas a la vieja Europa– existen medidas legislativas que igualan los salarios entre trabajadores de ambos sexos, en España los españolitos (incluido los que te votan) tenemos que padecer tu legendario dontancredismo, que es la forma taurina de aludir a ese rancio liberalismo, a ese pensamiento ultramontano, a esa forma cavernícola con que miras el mundo. Lo que viene siendo no haber tomado ni una sola puta medida para mejorar la sociedad, o sea.

La recomendación que en 2014 la Comisión Europea dirigió a los Estados miembros de la UE “sobre el refuerzo del principio de igualdad de retribución entre hombres y mujeres a través de la transparencia” ha servido para que tú –parafraseando al poeta Karmelo C. Iribarren– te hayas probado en la papiroflexia, hayas anotado un teléfono de urgencias o te hayas limpiado, en caso extremo, lo mayor. Algo, por otra parte, a lo que ya nos tienes acostumbrados. En materia social vienes haciendo oídos sordos desde hace tiempo. Verbigracia, véanse el compromiso –incumplido– de acogida de refugiados sirios (solo 1.980 de los 17.337 previstos), la petición de la ONU de retirada de la “ley mordaza” o la bronca del Consejo de Europa por seguir teniendo abandonadas en las cunetas a las víctimas franquistas de la guerra civil, lo que nos sitúa al lado de países como Armenia, Azerbaiyán, Chipre, Georgia, Irlanda del Norte, Turquía, Ucrania, los Balcanes occidentales y Rusia (no sabemos si con la connivencia de Cipollino, ese peligroso espía ruso de Girona).

Mientras tanto, las dos brechas siguen creciendo, Mariano, la salarial y la que agrieta la masa encefálica de tu sensibilidad social. También aumenta la desigualdad entre ricos y pobres. Así que una mujer pobre –con su trabajo precario e infrarremunerado– está sufriendo una doble discriminación. Pero todo este problema de calado, presidente, no te merece ni el más mínimo comentario. Ya no te molestas siquiera en mentir. Para qué. No tiene sentido meterse en camisa de once varas y que se deje de hablar por un instante de la anestésica monomanía catalana. Tú métete solo en lo tuyo, que es seguir construyendo una España muy española y mucho española, es decir, un país más pobre, más injusto, más desigual y más negro. No se puede ser más ruiz.

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