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La guía del hombre para gustarse a uno mismo

La guía del hombre para gustarse a uno mismo

Publicado: 14 de febrero de 2018 00:20 (GTM+2)

Hay que empezar por quererse a un mismo para ser capaces de sentir verdadero afecto por los demás. Es necesario ser honestos con nosotros mismos, identificar las necesidades, aprender a respetarse y querernos tal y como somos. Cuando uno se ha aceptado y vive sin miedos ni complejos, es capaz de dar lo mejor de sí mismo, descubrir todo su potencial a la hora, por ejemplo, de relacionarse con los demás.

La moda como gran aliada

Aceptarse y quererse es cuestión de hacer una reflexión personal que termine con la reconciliación interior, pero hay herramientas que pueden resultar muy útiles para tal ejercicio, y una de ellas es la moda.

En esencia, cumple una necesidad básica, la de vestirse, una acción que debe completar cada persona todos los días. Si hay que hacerlo, ¿por qué no utilizarlo en beneficio propio? La moda consigue que nos veamos bien, representa parte de nuestra personalidad, es una manera de expresarnos, causa efectos en quienes nos ven. Y verse bien implica también ganar en autoestima.

Cierto es que la moda tiene su lado negativo como negocio, pero es mejor no desechar su potencial, sino utilizarlo con sentido común. Es preciso dedicarse tiempo para saber qué sienta bien, revisar el armario, hacerse con prendas nuevas, desechar las que no se utilicen. Si es necesario, se puede pedir ayuda a personas cercanas, que asesoren en lo que puede ser una renovación de la imagen personal.

Todo hombre debe conocer las prendas básicas y utilidades como cómo hacer el nudo de corbata Para quien no sepa es difícil, pero hoy día se tiene acceso a mucha información como aprender a hacer el nudo de corbata paso a paso y que, además, sean nudos de corbata elegantes.

Fuera los complejos

Recuerda: los complejos no son más que percepciones distorsionadas que se tienen de un mismo. Habitualmente, nos castigamos más a nosotros mismos por ciertos atributos de lo que lo hacen los demás. Y no merece la pena seguir torturándose.

Es más, es necesario saber valorarse por la persona que se es, no por lo que digan los demás. Ni siquiera habría que buscar su aceptación, sino mantenerse a las convicciones propias y principios. Lo mejor es sentirse bien con uno mismo, eso demuestra madurez.

Todos tenemos virtudes y defectos, nadie es perfecto. No siempre somos capaces de verlo todo en los demás, y detrás de una vida de lujo y éxito (como la que pintan las personalidades famosas a través de los medios) hay cosas que, seguro, también hacen sentir mal a sus protagonistas. No es que eso tenga que ser un consuelo, pero sí ayuda a aceptar las imperfecciones propias con naturalidad.

Si de verdad ese rasgo propio se ha convertido en algo difícil de superar, se puede recurrir a ciertos métodos que, como la moda, ayuden a verse mejor. Hay hombres que viajan a Turquía a ponerse pelo, a hacerlo un implante de pelo o injerto capilar.

En Sanantur Clinir considera que “hoy día, la meca por excelencia de los tratamientos capilares es Turquía, en especial, Estambul”. La calidad y modernidad de sus centros, un personal bien formado y con experiencia y técnicas avanzadas, hacen que mujeres y hombres pongan rumbo a la ciudad para tratar su alopecia.

El optimismo, fundamental

Está muy bien plantearse retos y objetivos en la vida, porque eso es lo que hace crecer, lo que fortalece, lo que madura. Trabajar con determinación sí, pero no exigirse más de lo que se puede dar, aceptar cuáles son nuestras limitaciones y no caer en fijarse ambiciones irreales. Y tomar nota de los errores también, pero otorgar más peso a lo conseguido, y no dejar que aparezcan sentimientos como la ansiedad y la frustración por lo que no.

El optimismo está plenamente relacionado con la felicidad, así que merece la pena trabajarlo. Todo influye, desde una dieta sana y equilibrada y la práctica de ejercicio físico, a la comprensión y control de las emociones propias.

Fuera convencionalismos y clichés

Hay muchos aprendizajes sociales que influyen directamente en la formación de la personalidad. El fracaso, por ejemplo, está peor visto en nuestro entorno que en otras sociedades, como la estadounidense. Y ello implica presión, un miedo a fracasar que inhibe a la persona de hacer lo que realmente quiere hacer. Es un cortapisa en el desarrollo de sus habilidades y capacidades y, por lo tanto, al desarrollo personal.

Cuando uno se quiere a uno mismo, también se conoce mejor, confía más en sí mismo, se libera de ataduras y es capaz de dejar más atrás los prejuicios. Se abre la puerta también a explorar nuevos horizontes, a relacionarse con otras personas o a practicar aficiones que antes, por cualquier barrera autoimpuesta, no se habían conocido.

La honestidad siempre es bien apreciada en un mundo en el que las apariencias parecen haberse adueñado de nuestras vidas. No hay que afanarse en gustar a los demás con el fin de encajar, todas las personas gustan por algo, tienen cualidades que valoran las personas de su alrededor, que se quedan cerca según pasan los años.