Dolors Monserrat, la ministra desigual y esquirola

Querida Dolors Monserrat:

Ya sabemos que en tu partido la idea de la igualdad siempre ha sido un trampantojo, una mascarada grotesca, algo que no hay más remedio que defender si no se quiere que por el desagüe de las encuestas se sigan escurriendo los votos. Por eso eres, en este orden, Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, dejando esto último para el final, a modo de coletilla o estrambote. Así que no entiendo esos aspavientos airados con que el personal muestra su irritación en redes sociales. ¿Que no ha secundado una huelga por la igualdad de género la mismísima Ministra de Igualdad? ¡Pero si no existe realmente tal cosa!

Llevas toda la semana afirmando en los principales medios que no era necesario por tu parte hacer huelga, puesto que ya defiendes la igualdad real y efectiva los trescientos sesenta y cinco días del año (trescientos sesenta y seis si es bisiesto, imaginamos). El caso es que o mientes o haces muy mal tu trabajo, pues ahí están los datos vergonzantes que ya todo el mundo conoce, y que arrojan la verdad irrebatible de que esta sociedad –capitalista, añado, que sé que nombrar al ogro os provoca úlceras y descalcificación de huesos– se lo pone muchísimo más difícil a quienes nacen con los cromosomas XX.

La huelga del 8 de marzo es de “élites feministas pero no de mujeres reales con problemas cotidianos”, vas soltando por los platós de televisión en un intento vano de justificar tu felonía y de desacreditar un movimiento que ya es imparable porque nace de la más profunda indignación y de la rabia organizada. No sé en qué país vives, Dolors, ni cuánto tiempo hace que no bajas a las calles y te mezclas con la sencilla gente que las llena. En Sevilla, ayer jueves, la lluvia que por la mañana caía sobre los paraguas que abarrotaban la plaza del Duque era una pura maravilla. Por la tarde, millares de personas –hombres y mujeres– inundaban de luz morada y de calor la Plaza Nueva y todas sus calles colindantes hasta llegar a la Alameda. ¿Todas esas mujeres, entonces, son parte de la élite feminista (signifique lo que signifique la élite feminista)? Yo me estuve dando un paseo por allí y solo vi a personas reales como Inma, Fau, Ana y Mariló, compañeras de trabajo a las que quiero y admiro; o a Irene y Leticia, amigas de congresos de las que tanto he aprendido; o a Patricia, paisana y compañera de luchas; o a Nora, María, Natalia, Andrea y Rocío, mis encantadorasalumnas de quince años que tampoco están dispuestas a seguir siendo sometidas. Mujeres reales con problemas cotidianos, Dolors, mujeres feministas que de verdad luchan por la igualdad real de derechos y oportunidades, mujeres que han parado el mundo para recordarnos que la huelga sigue siendo el arma más potente que tienen los de abajo.

Pese a la hedionda terquedad de esquirolas como tú, el feminismo consiguió ayer una movilización sin precedentes en este país y en el mundo entero y dar un paso gigantesco para conseguir librarse al fin de todas las formas posibles de explotación y violencia. ¡Enhorabuena, compañeras!

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