La frialdad del Partido Popular

Cuando Rita Barberá murió en un hotel de Madrid tras tomar un whisky en su habitación, el PP se lanzó en tromba a culpar a la prensa de la muerte de la senadora. Todos quedamos perplejos al ver como dirigentes populares se precipitaron ante los micrófonos para espetar que la presión mediática había matado a Barberá.

Celia Villalobos, famosa por sus insultos a su chófer del coche oficial, por jugar al Candy Crash presidiendo el Congreso y otras lindezas dijo: “La habéis condenado a muerte (…) Si yo estaba destrozada por el ‘Candy Crush’, ¿Cómo estaría ella?”, se preguntó la veterana diputada. Villalobos, que lleva muchas décadas viviendo de la política, olvida que los malos ratos se terminan cuando uno dimite o te obligan a dimitir desde tu partido y eso no ocurrió con ella ni con Rita Barberá.

La senadora estaba siendo investigada en la supuesta financiación ilegal del PP de Valencia y acababa de declarar ante el Supremo. Mariano Rajoy, le dio la espalda, y con él todo su partido, al que pertenecía desde hace décadas siendo su carnet el número 3. Cuando comenzó la legislatura, ella saludó efusívamente sonriendo a Mariano Rajoy cuando entró en el salón donde estaba el Rey, pero RTVE lo eliminó de la realización.

A Rita Barberá la mató su cirrosis y nadie más, su vida la llevó a la muerte. Es extraño como trata el PP a los muertos, dependiendo de quién sean y las circunstancias en las que ocurran sus muertes.

Ya en el 11-M, intentó mentir a los españoles y a todos los medios internacionales, a los que llamó Aznar diciendo que era ETA, cuando todavía se estaban reconociendo los muertos del terrible atentado.

Tras el accidente del metro de Valencia, se cerró el caso culpando al conductor del tren y, supuestamente, amenazando e intentando chantajear a las víctimas según desveló el programa Salvados de Jordi Évole. De hecho Rita participó de ese silencio y se reía desde el balcón, no sabemos si era consciente en aquel momento de quién se reía, de las víctimas que le increpaban desde abajo, donde estaban los valencianos.

Con el accidente del Alvia, de nuevo un cierre en falso y le echaron toda la culpa al conductor cuando se demostró que la inversión millonaria adolecía de sistemas de seguridad suficientes.

Arsenio Fernández de Mesa, director de la Guardia Civil, negó el uso de pelotas de goma contra los inmigrantes que estaban en el mar de Ceuta, muriendo 15 de ellos ahogados. Lo negó a pesar de la existencia de un vídeo que lo demostraba y que el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, reconociera el uso de este material antidisturbios. Fernández de Mesa no dimitió, ni Rajoy se lo pidió, es su amigo y ahora ha sido premiado con un puestazo como consejero en Red Eléctrica, en plena polémica por el robo de las eléctricas. Ole tus santos bemoles Mariano, a un auxiliar de jardinería, enchufado para que gane una millonada.

En el Yak-42, el Gobierno de Aznar, donde estaba Mariano Rajoy de vicepresidente, se decidió cerrar el asunto de forma cutre y vil, para que no se investigaran los chanchullos del ministerio de Defensa. Federico Trillo, ese hombre tan religioso, mostró chulería y crueldad ante las víctimas, con el apoyo de José María Aznar y Mariano Rajoy. Este último, tras premiar a Trillo con la embajada más pomposa, la de Londres, cuando le preguntaron sobre el dictamen del Consejo de Estado dijo que ‘eso ocurrió hace muchísimos años’, demostrando su empatía con los seres humanos, la misma que tiene un ovni o un boniato.

Tanto golpe de pecho patriota, tanta supuesta religiosidad, para luego ser un partido gélido con las víctimas, hipocresía que la realidad mediática engulle y hace que se difumine, en los aros de humo del habano de Rajoy.

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