Opinión

Yordi I de Pujolia reparte sobres entre sus esbirros y los ilumina de nuevo

Yordi I de Pujolia reparte sobres entre sus esbirros y los ilumina de nuevo

Publicado: 9 de mayo de 2018 16:40 (GTM+2)

Yordi I de Pujolia, el Gran Maestro Ladrón

Yordi I de Pujolia, el Gran Maestro Ladrón

El pequeño gran defraudador salió de la cueva de Alí del 4% acompañado de su esposa, la gran bruja ladrona. Yordi, el mago que te hace desaparecer tu reloj en segundos, habló de lo bueno que es seguir su camino, se lo dijo a los pujolanes que le siguen. Se lo dijo a un grupo de abyectos, todos con las mangas llenas de relojes de oro robados a su pueblo, y estos lloraron con devoción y le aplaudieron.

Habló del enemigo, de los orcos del sur, de aquellos subhumanos, que no tiene nada que ver con la raza primigenia que llegó a Pujolia. Habló de ellos con odio porque no trabajaban para él, ni para sus hijos, los Dalton, ni para la Madre Superiora del Robo.

Insistió en la pureza de la raza, de derechas, y de que él era el ejemplo. Todos le aplaudieron hipnotizados por el discurso del Yedi Yordi Yoda que los mantenía lejos de mezclarse con los ‘otros’. Les pidió que siguieran mintiendo a su pueblo, con la patraña del Pueblo Elegido, del Exilio, lo importante era mantener la sartén por el mango, nada más.

Entre aplauso y aplauso los asistentes se pasaban maletines, sobres y parlaban de 3%, 4%, 10% y de cómo había que proteger a los constructores.

Su secta, RobaconUrgencia y Unió, se había transformado varias veces, había cambiado de nombre y de líderes, pero seguía viva, estaba latente, esperando para robar de nuevo a su propio pueblo.

Se mostró débil e incluso se llevó la mano al pecho, gesto que sus esbirros interpretaron como que estaba enfermo y sus gafapastas se llenaron de lágrimas. Pero en verdad se sacó un gran sobre y empezó a pagar un dineral a los periodistas, los primeros, a los constructores, tan preciados, y luego a toda la gente de bien que se guardaba la pasta sonrientes.

Allí estaban los suyos, los puros, los del terruño, aquellos que no se habían mezclado con los orcos del Sur, esos apestados. La Raza seguía unida, de hecho desde la llegada del hijodedios, que también era por supuesto pujolán, como todos los grandes hombres de la historia de Pujolia, seguían su ruta mesiánica.

Daba igual que hubieran dividido al pueblo y les hubieran esquilmado todo. Su magia ladrona, la más poderosa de Europa, les daba el poder para seguir mandando y pronto su ejército de ricos antorchados volvería a desfilar por las calles de Pujolia, para meter miedo, para mostrar su poder a los subhumanos.

Dios salve al ladrón de ladrones, Dios salve a sus pujolanes, a los puros, no al resto del pueblo, que no son humanos y no nos merecemos ni pensar.