Andalucía

Villén, ex pez gordo del PSOE-A, era amigo de la ‘Madame’ del puticlub

15 de octubre de 2018

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Villén, ex pez gordo del PSOE-A, era amigo de la ‘Madame’ del puticlub

José Ruiz, dueño del puticlub Don Angelo, revelado algunos detalles de las juergas que Fernando Villén, pez gordo de la ejecutiva del PSOE-A y director de la Faffe, se pegó pagando con su tarjeta ‘black’ de fondos de los parados.

El diario EL MUNDO publica que el día que Antonio Fernández, ex consejero de Empleo imputado en los ERE, perdió su cargo hubo un pago de 600 euros en una comilona y luego se gastaron 15.000 euros en el prostíbulo.
Estos gastos se realizaron con la tarjeta ‘black’ aunque luego alguien llevó dinero al puticlub dos días después de la juerga.

Según el propietario del Don Angelo’s, Villén era un cliente habitual llegando a considerar su “amiga” la ‘Madame’ del burdel.

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El pez gordo de la organización PSOE-A no daba problemas según informa Ruiz al diario detallando que había botellas de champán de 800 euros más los servicios de las chicas, que no hacían allí al no haber habitaciones y que se realizaban en la calle o en un hotel.

El dueño del lupanar desvela al periódico que fue “el chófer” el que llevó la pasta a los dos días de la juerga para anular los cargos de 15.000 en la tarjeta de la Fundación que supuestamente fue creada para ayudar a los parados.

Villén ha declarado que las otras 12 juergas las pagó con dinero de la caja central del ente y que luego devolvió el dinero aunque la UCO no le cree y sospecha que la contabilidad ha sido maquillada a posteriori.

Villén también estuvo en La Casita, “el más caro de Sevilla” según afirma una trabajadora a EL MUNDO, así como en otros 3 burdeles de Andalucía gastando 32.00 euros del dinero para los parados.

La fundación, que alcanzó los 1.800 empleados, tuvo cientos de enchufados, concedió una infinidad de contratos a dedo a empresas de cuñados, pagó comilonas, clubs de lujo, gastó el 80% de su presupuestos en sueldazos en vez de ayudar a los parados, tuvo 13 cajas ‘b’, tarjetas ‘black’ y un pufo de 50 millones de euros que no se sabe en qué se gastó.