Juego de Mustios

Juego de Mustios: Chuchana Lannister se entera que han encarcelado a sus padrinos por robar

Daniel Bellaco - 20 de noviembre de 2019

Juego de Mustios Capítulo XXV. Su Majestad Cateta recibe la noticia de que los jueces han encarcelado a sus padrinos, los Grandes Mustios de Tiesaduría.  

Chuchana Lannister, la bruja más mala, llevaba mucho tiempo oculta entre las peñas realizando pócimas, brebajes e invocando a su Amo, Don Mariano de Isengard, el Gran Khan de la Corrupción.

Él había sido enviado al Inframundo tras la alianza de Pédrogorn hijo de Árathorn con los guerrilleros morados de Paul Churches del clan Zumbemos.

Chuchana había sido expulsada también fuera del Palacio de San Muermo y se había visto forzada a trabajar de cabrera. Ahí, en las montañas, pensó en cómo volver y derrotar así a Pédrogorn. Entre las rocas y las cabras, recibía a ricos agentes del clan naranja, del clan azul e incluso de VOCH, los esbirros de Frankonstein. Todos conocían su falta de principios, de escrúpulos, su mediocridad y su maldad. Sabían que era buena partiendo crismas y la querían entre sus filas.

La Gran Suegra Negra intentó unirse a Albert el Acelerado, el maniquí naranja, y le regaló unos polvos blancos. Se puso hasta arriba y le sentaron mal. El caballerito terminó de volverse loco y ahora vagaba semidesnudo hablando solo.

También entabló negociaciones con la banda azul genovesa, donde ella tenía buenos amigos, para asegurarse protección y cobijo. No quería que los pobres de Tiesaduría la encontraran. Ella y sus lumbreras habían robado mucho durante décadas a la población de Avecrenia del Sur y la gente estaba muy enfadada y los buscaban por los montes.

Una mañana, los campesinos vieron su casa de chocolate y sus pucheros y se lanzaron a por la banda de saqueadores y su jefa. Ella huyó en su escoba y derribó a Mario Chisme Hez, su mano derecha, para que la plebe se entretuviera golpeándole mientras ella escapaba. No dudaba en traicionar a los suyos, era la más mala.

Los antiguos seguidores de Don Mariano de Isengard la salvaron de nuevo y le dieron cajas de gambas y botellines a sus lumbreras, su guardia pretoriana. Ahora se veía tranquila y esperaba que algún Gran Mustio le diera un Palacio para poder seguir saqueando desde allí. En agradecimiento al clan azul estaba contactando con Don Mariano para que les dijera “ya tal”, su bendición. Estaba allí danzando con un carnero cuando de repente vio a, John Conejo, su lugarteniente, que venía borracho cabalgando a toda velocidad.

El esbirro se estrelló contra unos montones de cáscaras de gambas y salió a rastras hasta los pies de la Dama Oscura.

- Oh Chuchana, los tribunales han encarcelado a los Grandes Mustios de Tiesaduría. Vienen ahora a por ti. Han descubierto las montañas de oro que hemos robado durante años a los más pobres.

- ¿Qué dices? ¡Desgraciado! ¿A por mi? Sijosdeputa...

Cogió un pollo, le retorció el cuello, se comió una gamba en un instante, luego se zampó un roscón de reyes y finalmente le dijo:

- Avisa a Fray Antón García Forrarse, el rico obispo. Él me dejará hablar en su púlpito del Gran Templo Verde, La Sexta Catedral. Me dará además un buen masaje y me buscará jueces corruptos que me defiendan. Él es un hombre del poder y conoce mucha gente con pasta, de las cloacas, de VOCH y del clan azul. Además, le di mucha pasta a su cuñada y me debe un favor.

- Así lo haré Su Majestad Cateta.

Acto seguido, el esbirro, al que llamaban el Gran Carapán, el Señor de las Orticarias, o Laferiainterminable, cogió una botella de vino barato y se la trincó de un buche. La tiró, se montó en su caballo y cabalgó a toda velocidad hacia La Sexta Catedral. Ella se giró y estranguló a un esbirro que no se quejó. La bruja soltó a su víctima y murmuró:

- ¿Quieren acabar con Chuchana? Me uniré a VOCH si hace falta. Levantaré de su tumba a Frankonstein y destruiré Avecrenia si es lo que quieren.

Tras esto cogió un sapo, lo echó al puchero verde que removía y susurró:

- Esto es cosa de Pédrogorn hijo de Árathorn...

Entonces miró al horizonte, donde venían unos jueces seguidos del pueblo armado con palos y levantó su mano llena de anillos de oro y espetó.

- Pedrito, te voy a sacar las jigaillas. Te vas a cagal, canijo.

Finalmente lanzó una carcajada enseñando sus grandes dientes de acero. Buitres y cuervos levantaron el vuelo asustados ante la alegría de su dueña.

(continuará)

Capítulo anterior de la Saga Juego de Mustios:

Capítulo 24. Chuchana Lannister se pasa al clan naranja para no doblarla y seguir saqueando

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