Opinión

Curso de economía básica para que Ferreras deje de decir tonterías en Al Rojo Vivo

Curso de economía básica para que Ferreras deje de decir tonterías en Al Rojo Vivo

Publicado: 24 de febrero de 2020 16:19 (GTM+2)

Te explico por qué es bueno que suba el precio de las mascarillas ante la expansión del coronavirus

Antonio García Ferreras en Al Rojo Vivo

Antonio García Ferreras en Al Rojo Vivo

Esta mañana, saltándome las recomendaciones de mi psicólogo, decidí ver un rato el programa Al Rojo Vivo de Antonio García Ferreras y observé como él y sus tertulianos al hablar sobre la epidemia del coronavirus insistían en comentar que es "indignante" que de repente el precio de las mascarillas o los geles desinfectantes hayan pasado a costar el doble o el triple de su precio habitual afirmando que "cuatro listillos" se estaban aprovechando de la situación.

Esta forma de hablar sobre economía no es nueva, el otro día en La Sexta Noche vi como Jesús Cintora insistía al hablar sobre la crisis que atraviesa el sector agrícola sobre la necesidad de evitar que grandes empresas suban demasiado los precios de venta de productos que previamente compran por un precio ridículo.

A esto hay que sumar algunos mensajes que de vez en cuando van apareciendo por Twitter en el que el iluminado de turno propone como solución a la pobreza imprimir billetes.

El problema de todos estos mensajes es que, si bien tienen una buenísima intención, esconden un nulo y preocupante desconocimiento sobre la realidad en general y sobre la economía en particular.

Hay que entender primero qué es la economía y como funciona. Hablando sin tecnicismos, el dinero es una herramienta que utilizamos para calcular el valor de algo, de tal modo que si ahora una lata de refresco cuesta un euro y de la noche a la mañana el Gobierno decide imprimir el doble del dinero que actualmente hay en circulación, se producirá a la larga una inflación del 50% que provocará que ahora el dinero valga la mitad y que por tanto, la lata de refresco pase a costar dos euros.

La economía sirve para "economizar" bienes escasos y los precios sirven como un termómetro que nos dice cuán escaso y demandado es ese bien. El precio de los apartamentos en primera línea de playa es alto porque hay más personas queriendo vivir en la playa que casas en primera línea marítima. Si el precio es alto no se puede achacar, al menos únicamente, a la avaricia de los propietarios y si el Gobierno tratara de imponer un precio máximo de venta esto no serviría para que todo el mundo pudiera tener una casa en la playa porque simplemente no hay casas para todos.

Lo mismo ocurre con los productos como mascarillas ahora que ocurre la epidemia del coronavirus en Italia, si de un día para otro todo el mundo quiere comprar mascarillas sucede que no hay productos disponibles para satisfacer la demanda y por tanto el precio sube. Al mismo tiempo se activa un mecanismo: las fábricas ven una oportunidad de ganar dinero al ver que el precio de estos productos ha subido y se empeñan en cubrir la demanda, en el momento que las diferentes fábricas comienzan a cubrir la demanda el precio, debido a la competencia, baja.

Si ahora el Gobierno italiano dijera que es necesario fijar un precio máximo de venta para las mascarillas, en primer lugar esto no solucionaría el problema de que hay menos mascarillas que personas que necesitan mascarillas y en segundo lugar las fábricas de todo el mundo no verían ningún incentivo en producir esas mascarillas para cubrir la demanda o derivarían su producción a otros países como Corea del Sur, donde también hay problemas por el coronavirus y entienden mejor que nadie el concepto básico de "oferta y demanda".

Como diría Rodrigo Rato "es el mercado, amigo" y esto no es necesariamente malo. Hay tres formas de ver las cosas: una es pensar que el capitalismo es capaz de regular solo todos los aspectos de la sociedad y que el estado no es necesario, es decir, tener un sistema como el de Estados Unidos en el que puede entrarte un cáncer y morirte por no poder pagarte un tratamiento. La segunda opción es montar una versión europea de Venezuela, imprimiendo billetes para que todo el mundo tenga dinero y acabar teniendo que ir al Mercadona con 2 millones de euros para comprar un paquete de papel higiénico y encontrarte las estanterías vacías.

La tercera, y por la que yo personalmente apuesto, es dejar al mercado trabajar en libertad en situaciones como esta, en la que la oferta y la demanda es la mejor (y única) forma de lograr evitar la escasez de un producto y que el Estado, con el dinero que recauda de los impuestos, se dedique a cubrir los servicios que garantizan nuestro sistema de bienestar como la sanidad, la educación o las pensiones.

El problema de las dos primeras opciones es que reducen todo a "blanco o negro" lo cual es falso y además peligroso y el problema de la tercera opción, la más realista, es que es complicada de vender con eslóganes facilones, mensajes cortos en Twitter o frases impostadas de Ferreras y sus secuaces en Al Rojo Vivo.