Opinión

¿Lo harías tú mejor?

¿Lo harías tú mejor?

Publicado: 15 de abril de 2020 19:52 (GTM+2)

Breve análisis sobre la situación política y social en tiempos del estado de alarma

Son tiempos oscuros, eso es innegable. Nos encontramos ante la mayor crisis sanitaria de nuestra historia reciente y es normal que el miedo se apodere de nosotros. El miedo nace de no saber qué vendrá después del confinamiento, de la incertidumbre. Nos toca vivir una época difícil, pero es ahora cuando la razón más debería brillar.

Esta realidad está sacando lo mejor de nosotros mismos. Estamos siendo capaces de hacer cosas que antes creíamos imposibles aprendiendo unos de otros. Eso es algo de admirar, dado que esta crisis nos reforzará como individuos y como sociedad.

Por otro lado, también puede salir lo peor del individuo a causa del miedo y la desinformación. La gran cantidad de bulos, las muestras de hipocresía, odio y egoísmo que estamos viendo demuestran que no todo es tan bonito como nos hacen pensar los aplausos que cada tarde oímos en nuestras calles.

En cuanto a los bulos, seré breve. Dejo una reflexión -los consejos son como el jabón en los hoteles, lo coges o lo dejas donde estaba, pero se ofrece- por si puede ser de utilidad a alguien: en tiempos de incertidumbre como los que estamos viviendo, no creas en lo que te manda tu primo o tu cuñado a través de una cadena de WhatsApp o lo que ves en redes sociales sin contrastar la información, bien consultado medios diferentes o preguntando a expertos en la materia si te es posible.

Dicho lo anterior, me gustaría hacer un pequeño apunte teórico sobre cómo funciona nuestro sistema democrático. En las elecciones generales, al depositar nuestro voto en la urna, no designamos al Presidente del Gobierno, estamos eligiendo la composición de las Cortes Generales, es decir, del Congreso de los Diputados y del Senado. Una vez constituidas las cámaras a partir de los resultados de las elecciones, se elige al Jefe del Gobierno, que deberá gozar de la confianza de la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados en primera votación de investidura o en su defecto, de más síes que noes en segunda votación. El Presidente del Gobierno puede o no ser el cabeza de lista del partido más votado, dado que existe la posibilidad de pactar con otras fuerzas parlamentarias para alcanzar un acuerdo que permita formar un Gobierno.

Nuestro sistema electoral ha dejado atrás el bipartidismo y las mayorías absolutas que nos regalaban Gobiernos monocromos. Dentro de un sistema multipartidista como el nuestro, es perfectamente legítimo que se formen coaliciones para gobernar, de hecho, es lo más sano en una democracia plena. Elecciones futuras mostrarán cómo puede variar la aritmética parlamentaria a la hora de formar Gobiernos, pero hoy, nuestro Ejecutivo es fruto de un pacto pionero en nuestra historia democrática más reciente y que sienta las bases del futuro en cuanto a juegos de poder.

En esta batalla tenemos un enemigo común: el virus. Este enemigo no entiende de ideologías, de clases sociales ni de fronteras. No es el momento de tratar de sacar rédito político de una situación límite en la que están muriendo cientos de personas cada día ni mucho menos de hacer propaganda con los fallecidos.

Es cierto que las medidas adoptadas por nuestro Ejecutivo pueden o no haber sido las óptimas, pero en un ejercicio de empatía te pido que te pongas en el lugar del Gobierno. ¿Cómo controlas una situación que ha llegado de improviso y que afecta a la totalidad de la población de tu país? ¿Lo harías tú mejor? No hablo del partido con el que simpatices, hablo de ti como individuo, ¿podrías?

Es interesante ver cómo en otros países de nuestro entorno los partidos de la oposición al Gobierno han dejado a un lado intereses partidistas y han mostrado un sentimiento unánime de lealtad y convicción para luchar contra el virus. Países como Portugal o Alemania -donde solo el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania está obstaculizando la labor del Gobierno- son el paradigma de cómo deben hacerse las cosas en una situación tan insólita como la que estamos viviendo.

Al igual que es interesante hablar de cómo debería abordarse la situación, es triste ver cómo en España los partidos de la oposición aprovechan para tratar de desacreditar al Gobierno con campañas de fake news o llamamientos a un golpe de Estado para destituir al Ejecutivo y sustituirlo por un Gobierno de “emergencia nacional” con personajes de la talla de José María Aznar, Felipe González o Rosa Díez a la cabeza como hemos escuchado días atrás.

Hace unos días leía que “en tiempos de crisis, los inteligentes buscan soluciones y los inútiles culpables”. Es evidente que cuando pase el temporal habrá que depurar responsabilidades y que rendir cuentas, pero este no es el momento de tirar piedras al tejado que te protege de las olas que nos puedan golpear.

Soplan vientos de crisis económica, financiera y social para cuando el velo sea levantado y para ello tenemos que estar preparados. Tras la recesión de 2008, nuestros servidores públicos decidieron rescatar a la banca y dejar a la ciudadanía a la deriva, desprotegida y condenada a la precariedad. Nuestro Estado de bienestar que tanto costó construir fue mutilado a base de recortes en servicios públicos esenciales como la educación y la sanidad pública en 2012 bajo la gestión del primer Ejecutivo Popular bajo la presidencia de Mariano Rajoy.

La resaca de estos recortes son el colapso de la sanidad pública en esta crisis sanitaria y la puesta a disposición del interés público de instalaciones sanitarias privadas de forma temporal, cumpliendo así con el artículo 128 de la Constitución Española de 1978.

Nos encontramos ante una situación nueva para todos y no es fácil. Nadie volverá a ser como era antes del 14 de marzo de 2020, cuando se decretó el estado de alarma. Muchas personas tendrán que recurrir a ayuda profesional para tratar las consecuencias del confinamiento, que en los casos más extremos se traduce en no poder despedirse de un ser querido que fallece con coronavirus o por otras causas.

Le debemos mucho a la sanidad pública, en primer lugar, por el hecho de ser universal y gratuita para todo el que la precise, haya nacido en Madrid, Sevilla, Valencia, París o Nairobi. Nuestro sistema sanitario, así como el personal de tiendas de alimentación, personas dedicadas a servicios de limpieza, cadenas de suministros que mantienen los comercios esenciales abastecidos y un larguísimo etcétera son la primera línea de defensa contra el virus que tantas vidas está truncando en nuestro país y en el mundo. A ellos les debemos nuestro agradecimiento y nuestro sentido de responsabilidad y ética a la hora de actuar en estos largos días.

Saldremos de esta, es indudable. Como venimos diciendo desde hace más de un mes, este virus lo paramos unidos, porque la unión siempre hace la fuerza y el verdadero patriotismo y sentido de pertenencia a una comunidad reside en cómo reaccionamos frente a situaciones adversas. La posteridad nos recordará por cómo actuamos ante grandes acontecimientos como este porque, no lo dudes, estamos viviendo un acontecimiento histórico. Un antes y un después.

Por Eduardo Mancilla Pérez. Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid.