Los antiinflamatorios son un grupo de medicamentos que, aunque muy utilizados, son poco conocidos en cuanto a su composición y a su forma de actuar en el organismo por la población en general.
Dentro de este grupo existen básicamente dos subgrupos, los antiinflamatorios esteroideos o AIES y los no esteroideos o AINES, que teniendo propiedades similares se diferencian en su potencia de acción y sus efectos secundarios.
¿Qué son los esteroides?
Los esteroides son elementos presentes de manera natural en el ser humano, derivados del gonano o esterano, cuya función está íntimamente relacionada con las hormonas, el colesterol y los lípidos.
Sintetizados en laboratorio dan como resultado medicamentos muy efectivos para combatir la inflamación, la fiebre y el dolor. Por lo general se usan en enfermedades para las que no hay otras alternativas y es necesario actuar. Como por ejemplo en las siguientes:
- Tumores malignos: los esteroides son un coadyuvante en los tratamientos con quimioterapia, ya que aceleran la muerte de las células tumorales, además de reducir la inflamación y permitir tratar el órgano afectado con un mayor acierto en terapias invasivas. También reducen las náuseas y otras molestias típicas de estos tratamientos.
- Distrofia muscular de Duchenne: esta enfermedad progresiva que cursa con pérdida de movilidad está demostrado que se ralentiza y se vuelve menos agresiva con la ingesta durante largos períodos de tiempo de este tipo medicamentos.
- Síndrome de disnea agudo: en esta patología que cursa con graves dificultades respiratorias están indicados para mejorar la función pulmonar y aliviar al paciente, pero no eliminan la causa que la origina.
A pesar de esto, no están indicados para todos los enfermos, es necesario que los recete un médico después de haber sometido al enfermo a las pruebas que indiquen si su uso va a reportar más beneficios que perjuicios.
El principal problema de la utilización de estos principios es que el organismo deje de generarlos de manera natural y el organismo pierda una parte básica para su buen funcionamiento. Otros efectos adversos que originan son:
- Acumulación de líquidos que pueden derivar en la aparición de edemas en las extremidades, abdomen y cuello.
- Inestabilidad de la presión sanguínea con presencia de picos muy elevados y bajadas súbitas o por un aumento continuado.
- Problemas dermatológicos como acné, pérdida de cabello y mala cicatrización de las lesiones de la piel.
- Aumento de la acumulación de grasa con los consiguientes problemas a que esto puede inducir como son la aparición de ateromas que obstruyen las arterias.
- Problemas digestivos que cursan con síntomas de gastritis y que llegan a afectar a la función hepática.
- Alteraciones en la asimilación del calcio y con ello problemas óseos.
Es muy frecuente observar su uso por deportistas, tanto para ganar masa muscular como aumentar su resistencia, de forma inadecuada e incluso ilegal.
Una persona sana no tiene por qué tomarlos y siempre debe ser un médico el que recete estos medicamentos, ya que es preciso evaluar si su empleo va a mejorar la calidad de vida del enfermo aun a costa de que padezca alguno de sus efectos nocivos.
Fuente Informativa: Sanidad