4 de febrero de 2026
El phishing y otros fraudes digitales se han convertido en una de las principales amenazas en internet. Correos electrónicos, mensajes, enlaces falsos y ataques cada vez más sofisticados afectan tanto a usuarios particulares como a empresas y organizaciones. Para entender cómo funcionan estos ataques, qué riesgos conllevan y cómo protegerse, se habló con Ángel González, CEO de GlobátiKa Peritos Informáticos, especialista en análisis de incidentes de ciberseguridad y fraudes digitales.
El phishing es una técnica de fraude digital que busca engañar al usuario para que facilite datos personales, credenciales de acceso, información bancaria o dinero. Funciona porque explota la confianza: aparenta ser un mensaje legítimo de un banco, una empresa, un servicio online o incluso de alguien conocido. Aunque muchos usuarios creen que “a ellos no les va a pasar”, los atacantes afinan cada vez más sus métodos.
Existen varios tipos. El más conocido es el phishing por correo electrónico, pero también vemos smishing (mensajes SMS), vishing (llamadas telefónicas), spear phishing dirigido a personas concretas y whaling, enfocado a directivos o responsables de empresas. También hay técnicas como el pharming, que redirige al usuario a sitios web falsos, o el uso de malware mediante archivos adjuntos.
Principalmente credenciales de cuentas, contraseñas, datos bancarios, tarjetas, acceso a servicios online o información corporativa. En empresas, el objetivo suele ser el acceso a sistemas internos, cuentas de correo o aplicaciones como Microsoft, Teams u otras herramientas de trabajo. A partir de ahí pueden producirse estafas económicas, ransomware o suplantación de identidad.
Porque concentran muchos datos y recursos. Un solo acceso fraudulento puede permitir ataques a toda la red corporativa. Además, los empleados manejan correos, enlaces, archivos y mensajes a diario, lo que multiplica las oportunidades de error humano. Por eso los atacantes personalizan cada vez más los mensajes para que parezcan legítimos.
Hay indicadores claros: remitentes sospechosos, URLs extrañas, errores en el texto, mensajes que generan urgencia o miedo, peticiones inusuales de datos o enlaces que no corresponden con el sitio oficial. También hay que desconfiar de archivos adjuntos inesperados, incluso si parecen proceder de contactos conocidos.
Son herramientas importantes, pero no suficientes por sí solas. La protección real combina filtros anti-phishing, antivirus, sistemas de detección de malware y, sobre todo, formación y concienciación de las personas. Muchos ataques logran su objetivo porque alguien hace clic sin comprobar el contenido.
Desde pérdidas económicas directas hasta robo de identidad, acceso a cuentas personales o bancarias, infecciones por ransomware o exposición de datos sensibles. En empresas, las consecuencias pueden incluir paralización de servicios, daños reputacionales y responsabilidades legales.
Es clave. Analizar cómo se produjo el ataque, qué sistemas se vieron afectados, qué datos se comprometieron y si hubo manipulación de contenidos digitales permite tomar decisiones informadas. En muchos casos, ese análisis es fundamental para denunciar, reclamar o iniciar acciones judiciales. Más información sobre este tipo de intervenciones puede consultarse en la web de Peritos Informáticos.
Desconfiar por defecto, revisar enlaces antes de hacer clic, no facilitar datos por correo o mensajes, usar contraseñas seguras, activar la verificación en dos pasos y mantener el software actualizado. En empresas, es fundamental contar con políticas de seguridad, formación continua y protocolos de respuesta ante incidentes.
Es estructural. El fraude digital evoluciona al mismo ritmo que la tecnología. Por eso no basta con soluciones puntuales: hay que entender cómo operan los atacantes, reconocer los riesgos y adoptar una cultura de seguridad tanto a nivel personal como profesional.
El phishing y los fraudes digitales no son un problema técnico aislado, sino una amenaza cotidiana que afecta a usuarios, empresas y organizaciones. Entender cómo funcionan estos ataques, reconocer sus señales y saber cómo protegerse es hoy una necesidad básica en internet. Porque en el entorno digital, la prevención y el conocimiento siguen siendo la mejor defensa.