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Del 'modular limitado' al modular con impacto; así está cambiando el diseño de stands

5 de febrero de 2026

La diferencia tradicional entre stand modular y carpintería se difumina: la creatividad se apoya cada vez más en gráfica, rotulación e iluminación, mientras crece la demanda de soluciones rápidas y competitivas.

Durante años, la distinción era bastante clara en el mundo de los stands para ferias: el modular se asociaba a estructuras funcionales y más limitadas, y la carpintería se percibía como la vía natural para lograr volumen, singularidad y libertad formal. Hoy, esa lectura se ha vuelto menos automática. No porque la carpintería haya dejado de tener sentido —sigue siendo decisiva en determinados proyectos—, sino porque el diseño de stands está cambiando de centro de gravedad.

En muchos casos, el impacto ya no depende tanto de “hacer más obra” como de cómo se construye la percepción desde el pasillo: una gráfica bien resuelta, rotulación integrada sin ruido, iluminación que jerarquiza mensajes y una composición capaz de explicar la propuesta en segundos. En un entorno ferial saturado, donde el visitante decide rápido y la atención es escasa, estos elementos ganan peso frente a la forma por sí sola.

Impacto visual como nueva palanca creativa

La evolución de materiales, acabados, impresión, sistemas de iluminación y soluciones de rotulación ha elevado el listón. Esto hace que propuestas que antes se consideraban “propias de carpintería” hoy puedan resolverse con base modular sin renunciar a presencia, siempre que el concepto y la dirección visual estén bien trabajados. El modular, además, ofrece una ventaja práctica que cada vez condiciona más las decisiones: tiempos de montaje más cortos y, en muchos casos, un coste más controlable.

Modular y carpintería ya no compiten igual

La comparación ya no es simplemente estética. En muchos proyectos, lo que se valora es el equilibrio entre impacto, ejecución y coherencia operativa: calendario, logística, cambios de última hora o repetición de feria en feria. Por eso crece un enfoque que se está volviendo habitual en el sector: el híbrido, con modular como base y elementos a medida solo donde aportan un valor claro (un punto focal, un remate de marca, una pieza singular o una integración específica de experiencia).

“Hace unos años, si querías un stand con presencia, era fácil que la respuesta fuese carpintería. Ahora vemos que el modular permite construir arquitectura y dar protagonismo a la marca con luz y gráfica bien integradas; y cuando hace falta un plus puntual, el híbrido suele ser la solución más sensata”, señalan desde Servis, compañía especializada en diseño de stands y construcción de stands.

Una decisión más estratégica (y menos binaria)

En este contexto, elegir entre modular, carpintería o híbrido empieza a depender menos de etiquetas y más de variables concretas: objetivo del stand (reuniones, demostración, marca), necesidad de reutilización, número de ferias al año, plazos disponibles y nivel de personalización realmente necesario. La tendencia apunta a stands más “pensados” como sistema: claridad visual, recorrido y experiencia ordenada, con recursos técnicos (gráfica, luz, rotulación, audiovisual) integrados desde el diseño.

El resultado es un cambio relevante en los stands para ferias: la creatividad no desaparece, pero se expresa de forma distinta. Menos ligada a “construir por construir” y más orientada a crear impacto con dirección visual, coherencia de marca y control operativo.

Sostenibilidad: menos discurso y más decisiones de diseño

Junto al impacto visual y la operativa, hay otro factor que ha pasado de “tema aspiracional” a variable real de proyecto: la sostenibilidad. En la práctica, en los stands para ferias esto suele traducirse en decisiones concretas: reutilizar estructura y componentes, reducir materiales de un solo uso y diseñar pensando en el ciclo completo (montaje, desmontaje, transporte, almacenaje y futuras adaptaciones).

En ese sentido, la modularidad facilita enfoques más circulares: permite mantener una base reutilizable y actualizar lo que cambia —mensajes, gráficas, zonas o elementos puntuales— sin rehacer el stand desde cero. También influye en la logística: un proyecto que se monta más rápido y con sistemas planificados tiende a reducir fricciones en tiempos, transporte y manipulación. Y cuando se recurre a un planteamiento híbrido, la clave está en que las piezas a medida tengan un propósito claro y no se conviertan en elementos de “usar y tirar”.

“Cuando el diseño se plantea para durar varias ferias, la sostenibilidad deja de ser un eslogan: pasa a ser una cuestión de método. Reutilización, adaptabilidad y control del proceso son parte del nuevo estándar”, añaden desde Servis.

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