17 de febrero de 2026
El estrés hídrico ya no se limita a periodos de sequía, sino que define la estabilidad de territorios enteros. En este contexto, Salher, compañía especializada en soluciones ingeniería del agua, analiza el concepto de bancarrota hídrica como un punto crítico en la gestión de los recursos. El término describe la situación en la que un sistema hídrico no puede regenerar, tratar o gestionar el agua de forma sostenible, ni garantizar su calidad y viabilidad económica a medio y largo plazo. No se trata solo de escasez. Se trata de haber superado el umbral de recuperación natural y técnica. Cuando ese límite se rebasa, el impacto alcanza a municipios, industrias y ecosistemas estratégicos.
La bancarrota hídrica surge cuando la extracción supera sistemáticamente la capacidad de renovación del recurso. Este desequilibrio se agrava si el tratamiento y la depuración no evolucionan al mismo ritmo que la demanda. El crecimiento urbano incrementa el consumo. La actividad industrial y agrícola intensifica la carga contaminante, elevando parámetros como DQO, DBO, sólidos o grasas.
Además, informes internacionales recientes advierten de sistemas que han rebasado su capacidad de recuperación estructural. En estos casos, incluso las lluvias extraordinarias no compensan años de sobreexplotación y falta de planificación. La pérdida no es solo volumétrica. También afecta a la calidad del agua disponible y a los costes operativos asociados a su potabilización o reutilización.
Frente a este escenario, las soluciones ingeniería del agua permiten recuperar margen de maniobra técnica. La depuración avanzada de aguas residuales urbanas e industriales reduce la presión sobre fuentes naturales. Los sistemas de reutilización convierten el efluente tratado en recurso útil para riego, procesos productivos o usos técnicos.
Tecnologías como la generación de ozono y otros tratamientos físico-químicos mejoran la eliminación de contaminantes complejos. Los separadores de hidrocarburos y los pretratamientos industriales actúan en origen, evitando que la carga llegue a etapas críticas del sistema. Además, el diseño modular de plantas facilita adaptaciones progresivas según evolución demográfica o productiva.
La prevención exige combinar tecnología, control y planificación estratégica. No basta con ampliar captaciones. Es imprescindible cerrar el ciclo con eficiencia y trazabilidad. Desde esta perspectiva, la ingeniería del agua no solo responde a la crisis. Permite anticipar la bancarrota hídrica y transformar la gestión del recurso en un modelo sostenible, medible y económicamente viable.