20 de marzo de 2026
Madrid. Marzo de 2026.
En pleno corazón del Madrid de los Austrias, en la Cava Baja, hay un lugar donde el tiempo parece seguir otro ritmo. Allí se encuentra la Posada de la Villa, uno de los restaurantes centenarios más emblemáticos de la capital y un espacio donde la tradición gastronómica madrileña se mantiene viva desde hace siglos.
Su plato más representativo es también el que mejor resume la esencia de la casa: el Cordero Lechal Asado en Horno de Leña.
Este cordero se prepara en un horno de leña que data de 1642 y que ha permanecido encendido desde entonces. Un horno histórico que sigue siendo hoy el corazón de la cocina de la Posada de la Villa y que permite asar el cordero de la misma manera en que se hacía hace siglos.
El proceso apenas ha cambiado con el paso del tiempo. El lechal se asa lentamente en cazuela de barro, únicamente con agua y sal, dejando que el horno haga el resto. Solo producto, tiempo y tradición. El resultado es una carne extraordinariamente tierna que se ha convertido en uno de los grandes clásicos gastronómicos del Madrid histórico.
Pero la historia del cordero de la Posada de la Villa no puede entenderse sin la historia del edificio que lo alberga.
La Posada de la Villa fue la primera posada de Madrid. Desde 1642, este edificio situado en plena Cava Baja dio refugio, comida y descanso a viajeros que llegaban a la ciudad.
La historia del inmueble se remonta al siglo XVII, cuando albergaba el único molino de harina que existía dentro de la ciudad. En 1642, aquel molino se transformó en la primera posada de la Villa de Madrid, situada junto a las antiguas murallas árabes. Con el paso del tiempo y la desaparición de las antiguas casas de hospedaje, el edificio quedó abandonado y estuvo cerca de desaparecer.
Su historia cambió en 1980, cuando el hostelero Félix Colomo evitó su derribo al emprender una minuciosa restauración para devolverle su carácter original. Tras dos años de trabajos artesanales, la histórica posada –que había caído en el olvido–, reabrió sus puertas convertida en restaurante y horno de leña, respetando la arquitectura tradicional y la esencia del lugar.
Hoy, la Posada de la Villa conserva salones distribuidos en varias plantas donde aún se mantienen elementos arquitectónicos históricos como vigas de madera, vidrieras antiguas, detalles de sus tiempos de posada y rincones que evocan el Madrid de siglos pasados. Un espacio que transporta al visitante a otra época en pleno corazón de la ciudad.
La propuesta gastronómica rinde homenaje a la cocina madrileña más auténtica. Entre sus platos más emblemáticos destaca, por encima de todo, su afamado Cordero Lechal Asado en Horno de Leña. También el Cocido Madrileño elaborado en puchero de barro a fuego lento, otro de los grandes clásicos de la casa.
Junto a ellos, la carta recorre algunos de los grandes platos del recetario tradicional: desde guisos históricos como el Rabo de Toro Estofado, hasta carnes de carácter como el Lomo de Buey, las Chuletitas de Lechal o el Braseado de Gamo. Tampoco faltan pescados clásicos, como la Merluza a la Cazuela o el Bacalao de la Casa.
El recorrido se completa con postres que forman parte de la memoria gastronómica madrileña, como el Postre Posadero, con Leche Frita, Milhojas de Crema y Tarta de Queso, o el Flan al Caramelo.
Al frente del proyecto familiar se encuentra hoy la cuarta generación de hosteleros, que continúan preservando el legado iniciado por Félix Colomo.
"La Posada de la Villa siempre ha sido un lugar donde pasan cosas. Durante siglos fue refugio para viajeros y hoy sigue siendo un espacio donde la gente se reúne para comer, celebrar y compartir tiempo. Para nosotros lo importante es mantener viva esa esencia y cuidar una cocina que forma parte de la historia de Madrid", explican desde la casa.
A lo largo de su trayectoria, el restaurante ha recibido distintos reconocimientos gastronómicos y forma parte de los restaurantes centenarios más representativos de Madrid. Por sus mesas han pasado personajes de las letras, la cultura, el deporte y la vida pública, que han encontrado en la Posada de la Villa un lugar donde disfrutar alrededor de una buena mesa. Esa huella sigue presente hoy en el propio restaurante: sus sillas conservan el nombre de las personalidades más destacadas que lo han visitado.
Casi cuatro siglos después de abrir sus puertas como posada para viajeros, la Posada de la Villa sigue cumpliendo la misma misión que en sus orígenes: ofrecer hospitalidad y cocina tradicional en uno de los edificios con más historia de la capital.