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Barcelona, Capital Mundial de la Arquitectura 2026; la ciudad pone en valor a quienes la construyeron

23 de marzo de 2026

La designación de Barcelona como epicentro mundial de la arquitectura no solo atrae miradas internacionales: también ilumina el trabajo de los despachos locales que llevan décadas transformando la ciudad barrio a barrio, proyecto a proyecto, con los pies en la normativa y la cabeza en el diseño.

Una ciudad que se convierte en laboratorio abierto

Barcelona vive en 2026 un momento singular en su historia reciente. La UNESCO y la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) la han designado Capital Mundial de la Arquitectura, un reconocimiento que, entre el 12 de febrero y el 13 de diciembre, desplegará más de 1.500 actividades distribuidas por los diez distritos de la ciudad. No se trata de un evento puntual sino de un programa que convierte cada barrio en escenario de debate, exposición y reflexión sobre el papel de la arquitectura en el mundo contemporáneo.

El punto culminante será el Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA, que reunirá a más de 10.000 profesionales de todo el mundo del 28 de junio al 2 de julio en el CCIB y otras sedes de la ciudad. El lema elegido por el equipo comisario es elocuente: Becoming. Architectures for a planet in transition. Seis líneas temáticas —sostenibilidad, circularidad, cohesión social, tecnología, patrimonio y regeneración urbana— enmarcarán ponencias, talleres y exposiciones con más de 200 voces internacionales sobre el escenario.

Barcelona no llega a esta cita por casualidad. La ciudad fue elegida en la Asamblea General de la UIA celebrada en Río de Janeiro en 2021, superando a Pekín, y se convierte así en la única ciudad del mundo que acoge este congreso por segunda vez, treinta años después de la edición de 1996. Una trayectoria que habla de algo más que de infraestructuras o marketing urbano: habla de una cultura arquitectónica que la ciudad ha construido durante generaciones.

El año de Gaudí y Cerdà: cuando el pasado ilumina el presente

La capitalidad llega además cargada de efemérides que añaden profundidad histórica al debate. 2026 conmemora el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, la figura que llevó el modernismo catalán a sus límites más audaces y convirtió la ciudad en destino arquitectónico de primer orden mundial. Pero también son los 150 años del fallecimiento de Ildefons Cerdà, el ingeniero cuyo Plan de Ensanche —trazado en 1859 con manzanas ochavadas, interiores de isla ajardinados y calles anchas para la luz y la circulación— sigue siendo hoy el marco urbano en el que trabajan a diario miles de profesionales.

La coincidencia no es anecdótica. Cerdà proyectó una ciudad pensando en cómo querían vivir sus habitantes, no en cómo querían que la viese el mundo. Esa tensión entre la arquitectura como disciplina intelectual y la arquitectura como respuesta a necesidades concretas y cotidianas es precisamente el núcleo del debate que el Congreso de 2026 quiere abrir. Y es también la tensión que define, en lo práctico, el trabajo de los despachos que operan en la escala local.

La cara menos visible de la capitalidad: los arquitectos que conocen la ciudad desde dentro

El foco mediático recaerá, inevitablemente, sobre los grandes nombres internacionales que llegarán a Barcelona en junio. Pero la capitalidad tiene también una lectura más cercana, menos visible en los titulares y quizá más relevante para quien busca un profesional con quien trabajar: la que protagonizan los arquitectos en Barcelona que conocen la ciudad no desde la teoría ni desde el ángulo del observador externo, sino desde la práctica acumulada durante décadas de trabajo sobre el terreno.

Son los profesionales que saben qué documentación exige cada distrito, qué particularidades tienen los edificios protegidos del Eixample, cómo gestionar una obra en una finca centenaria de Gràcia sin paralizar la vida de los vecinos, o qué camino tomar en el Ajuntament para agilizar una licencia que de otro modo puede enquistarse durante meses. Un conocimiento que no se adquiere en ningún congreso, por brillante que sea el programa, sino en años de trabajo continuado sobre el mismo tejido urbano.

Xann: más de 25 años construyendo Barcelona desde dentro

Es el caso de Xann, un taller de arquitectura e ingeniería fundado en Barcelona en 2007 por Xavier Flores y Anna Terrón. Aunque el despacho nació formalmente ese año, su experiencia acumulada en la ciudad supera los 25 años: ambos socios iniciaron sus carreras a principios de los 2000 en despachos de referencia de la escena barcelonesa —entre ellos BCQ Arquitectes, ABAA Arquitectes Associats o Projectes Tallercinc—, y es sobre ese bagaje sobre el que se asienta la identidad del estudio.

La propuesta de Xann parte de una convicción que parece sencilla pero que tiene consecuencias metodológicas profundas: arquitectura e ingeniería no son disciplinas consecutivas, sino simultáneas. En la mayoría de despachos, el ingeniero entra en escena una vez que el diseño está cerrado, para resolver cómo se construye lo que el arquitecto ha imaginado. En Xann, ambas dimensiones se integran desde el primer boceto.

"Desde que empezamos a pensar en un proyecto, arquitectura e ingeniería trabajan juntas. Esto permite anticipar cómo se va a construir realmente, identificar problemas antes de que aparezcan y encontrar soluciones que funcionen. Una viga que choca con un conducto, una instalación que no tiene espacio: son problemas que se resuelven fácilmente al principio y se convierten en costosos si aparecen en obra."

El resultado de ese enfoque integrado es lo que el estudio describe como "arquitectura honesta": espacios pensados para ser habitados, que se construyen tal y como se proyectan, sin soluciones que no se sostienen constructivamente ni compromisos de diseño que sacrifican la funcionalidad. Una filosofía que, en el contexto de la Barcelona de 2026 —con el debate sobre sostenibilidad, circularidad y calidad del entorno construido en primer plano—, resulta especialmente pertinente.

El conocimiento local como ventaja competitiva real

Más allá de la filosofía de proyecto, Xann representa algo que tiene un valor muy concreto para cualquier propietario, promotor o institución que quiera intervenir en Barcelona: el conocimiento acumulado del funcionamiento real de la ciudad.

Barcelona es una ciudad compleja desde el punto de vista normativo y administrativo. Los edificios catalogados del Eixample tienen sus propias reglas de intervención. Las licencias en Ciutat Vella implican trámites específicos. Cada distrito tiene sus tiempos, sus interlocutores, sus criterios. Conocer ese entorno no es un valor añadido sino una condición necesaria para que un proyecto avance sin sobresaltos.

"Llevamos más de 25 años trabajando en Barcelona. Conocemos cómo funciona el Ajuntament, qué pide cada distrito, qué camino tomar para agilizar las tramitaciones. Este conocimiento práctico evita errores que alargan plazos o generan requerimientos innecesarios", subrayan desde el estudio. "No es algo que se improvisa: es el resultado de años de presencia continuada en el mismo tejido urbano."

Es precisamente ese tipo de expertise —local, acumulado, difícilmente transferible— el que la capitalidad de 2026 debería contribuir a visibilizar. Porque una ciudad que aspira a ser referente mundial de la arquitectura no lo es solo por sus iconos o por los congresos que acoge: lo es también por la calidad de sus despachos cotidianos, por los profesionales que resuelven bien los proyectos de sus ciudadanos, uno a uno.

Arquitectura para un planeta en transición: la escala local del debate global

El lema del Congreso de la UIA —Becoming. Architectures for a planet in transition— no es solo un titular. Plantea preguntas muy concretas: cómo incorporar la coexistencia ecológica en la arquitectura, cómo producir espacios dentro de marcos post-extractivistas, cómo construir más con menos y mejor. Son preguntas que los grandes teóricos responderán desde el escenario del CCIB, pero que los despachos locales llevan respondiendo en silencio, proyecto a proyecto, desde hace años.

En ese sentido, el año de la Capital Mundial de la Arquitectura es también una oportunidad para recordar que el futuro de las ciudades no se juega únicamente en los congresos internacionales. Se juega también en cada intervención que respeta el patrimonio construido, en cada reforma que mejora la habitabilidad de un espacio sin derrochar recursos, en cada proyecto que resuelve bien lo que el cliente necesita realmente. Que es, en definitiva, de lo que trata la arquitectura cuando se practica con seriedad.

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