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La experiencia de Mario Carbonell para hacer crecer una asesoría con un modelo 360

27 de mayo de 2026

Un modelo que permite a las asesorías crecer, ampliar servicios y captar clientes sin aumentar estructura ni carga interna.

Madrid, 22 de mayo de 2026 - En un sector donde cada vez se exige más especialización, más capacidad de respuesta y una propuesta de valor más completa, muchas asesorías pequeñas y medianas se enfrentan al mismo desafío: cómo crecer sin asumir más estructura, más costes y más presión operativa. La necesidad de ofrecer servicios más amplios a los clientes convive, en muchos casos, con los límites habituales de tiempo, recursos y capacidad interna.

En este contexto, modelos colaborativos y ecosistemas de servicios integrales como el de Club de la Pyme están despertando el interés de numerosos despachos profesionales que buscan ampliar su alcance sin perder independencia ni transformar por completo su forma de trabajar. La siguiente entrevista recoge precisamente esa experiencia desde dentro, a través del testimonio de Mario Carbonell, quien explica cómo ha vivido este proceso de crecimiento apoyado en un modelo 360 de servicios para asesorías.

Antes de integrarte en Club de la Pyme, ¿en qué punto estaba tu despacho?

Era un despacho que funcionaba bien. Teníamos clientes, estabilidad y un equipo implicado. Como pasa en muchos casos, el crecimiento tenía un límite claro: el tiempo y la capacidad.

Cada nuevo servicio implicaba más carga, más especialización o tener que incorporar a alguien. Y no siempre es viable.

Ahí empecé a plantearme si tenía sentido seguir creciendo solo o si había otra forma de hacerlo.

¿Qué te faltaba en ese momento?

Sobre todo, capacidad de dar más a los clientes sin complicar la estructura.

Sabía que los clientes necesitan cada vez más cosas: asesoramiento más completo, acceso a ayudas, temas legales, laborales, tecnológicos… Pero cubrir todo eso desde un despacho pequeño es muy difícil.

O renuncias a dar ese valor o asumes más carga y más riesgo.

¿Qué dudas tuviste antes de integrarte?

La principal era si realmente iba a ganar o iba a perder.

Si iba a tener más oportunidades o si, por el contrario, iba a perder independencia o control sobre mi despacho.

También me preguntaba si ese modelo realmente iba a ayudarme a crecer o si se quedaría solo en una idea atractiva sobre el papel.

Cada nuevo servicio implicaba más carga, más especialización o tener que incorporar a alguien. Y no siempre es viable.

¿Qué te hizo dar el paso finalmente?

Entender que no se trataba de renunciar, sino de sumar.

El modelo me permitía ofrecer servicios 360 a los clientes sin tener que montar yo toda la estructura. Eso cambia completamente la forma de crecer.

Además, vi claro que había una parte muy importante de apoyo y colaboración entre despachos, algo que hasta ese momento no había tenido.

¿Cómo fue el proceso de integración?

Muy progresivo.

No fue un cambio radical ni impuesto. Se adaptó a nuestro ritmo, a nuestra forma de trabajar y a nuestro punto de partida.

Fuimos incorporando herramientas, mejorando procesos y entendiendo cómo aprovechar todo el ecosistema poco a poco.

Y, sobre todo, con apoyo constante. En ningún momento tienes la sensación de estar solo.

¿Qué ha cambiado en tu despacho desde entonces?

Han cambiado muchas cosas, pero destacaría tres:

La primera, la capacidad de ofrecer más servicios sin complicarme la vida. Hoy puedo dar soluciones mucho más completas a los clientes.

La segunda, la captación. El hecho de tener una propuesta de valor más amplia y más sólida hace que sea más fácil atraer nuevos clientes.

Y la tercera, el respaldo. Saber que tienes un equipo detrás, especialistas en distintas áreas y una estructura que te apoya, cambia completamente la forma de trabajar.

Además de los servicios que puedes ofrecer a los clientes, ¿qué apoyo has encontrado para tu propio despacho?

Ese es uno de los puntos que más valor tiene y que menos se ve desde fuera.

No solo puedes ampliar servicios hacia el cliente, sino que tú como despacho también recibes apoyo real en áreas que normalmente tienes que asumir solo: marketing, formación, herramientas, procesos…

En mi caso, he notado mucho el impacto en la parte comercial y de captación, porque no dependes únicamente de tu propio esfuerzo. También en la formación continua y en cómo profesionalizas la gestión interna.

Al final, no solo mejoras lo que vendes, sino cómo trabajas y cómo creces como negocio.

¿Y en tu día a día personal?

Se nota mucho.

Antes todo pasaba por mí. Ahora sigo tomando decisiones, pero no estoy solo en todo.

Tengo más foco, menos presión y más tranquilidad. Y eso, al final, impacta tanto en el trabajo como fuera de él.

¿Qué le dirías a un asesor que quiere crecer, pero no quiere asumir más carga?

Que hay otra forma de hacerlo.

No se trata de contratar más ni de complicar la estructura, sino de apoyarte en un modelo que te permita crecer acompañado.

Puedes dar más servicios, captar más clientes y mejorar tu propuesta de valor sin multiplicar tu carga de trabajo.

Si miras atrás, ¿cambiarías algo?

Probablemente haberlo hecho antes.

Porque cuando entiendes que no tienes que hacerlo todo tú para crecer, cambia completamente la perspectiva del negocio.

Y, sobre todo, la tranquilidad con la que trabajas.

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