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miércoles, 22 de julio de 2026

Ni humo ni residuos visibles; así contamina la inteligencia artificial

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Ni humo ni residuos visibles; así contamina la inteligencia artificial
/ DS

La próxima vez que se formule una consulta a una inteligencia artificial, conviene tener en cuenta lo siguiente: en algún lugar del mundo, una infraestructura de servidores se pone a trabajar para responder en apenas unos segundos. Este proceso consume electricidad, genera calor y requiere agua para mantener los sistemas a una temperatura adecuada.

No se ve humo ni un cubo de basura lleno. Sin embargo, existe una huella ambiental.

Y eso plantea una pregunta tan incómoda como fascinante: ¿contamina más una persona o una inteligencia artificial?

La contaminación visible

Durante años se ha aprendido que el impacto sobre el planeta depende de cómo se realizan los desplazamientos, qué se compra o cómo se gestionan los diferentes tipos de residuos. Cada envase que se recicla, cada electrodoméstico que se sustituye o cada alimento que se desperdicia tiene consecuencias ambientales.

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, cada ciudadano europeo genera cientos de kilos de residuos municipales al año. Pero esa es solo la parte visible. Detrás del consumo existen procesos de extracción de materias primas, transporte, uso de energía y generación de emisiones.

Por eso, expertos en economía circular y gestores autorizados de residuos como Reciclamás recuerdan que reciclar correctamente sigue siendo una de las formas más eficaces de reducir la necesidad de extraer nuevos recursos y disminuir las emisiones asociadas a su fabricación.

La huella que nunca aparece en el cubo de la basura

La inteligencia artificial parece algo intangible, pero funciona gracias a grandes centros de datos repartidos por todo el planeta.

Cada consulta, cada imagen generada o cada texto procesado activa infraestructuras informáticas que funcionan las 24 horas del día.

La Agencia Internacional de la Energía prevé que el consumo eléctrico de estos centros aumente de forma notable durante los próximos años, impulsado por la expansión de la inteligencia artificial. Además, necesitan sistemas de refrigeración que consumen grandes cantidades de agua, un recurso cada vez más escaso en muchas regiones.

Una sola consulta tiene un impacto relativamente pequeño, pero ya se realizan miles de millones de consultas diarias. En este contexto, Microsoft ha informado de un notable aumento interanual de su consumo de agua, relacionado, entre otros factores, con la expansión de sus centros de datos y servicios de inteligencia artificial.

El verdadero problema no es la inteligencia artificial

Ahí se encuentra la cuestión principal.

No tiene sentido enfrentar a las personas con la inteligencia artificial. Sería como preguntarse si contamina más un coche o una autopista.

La tecnología no toma decisiones; las decisiones corresponden a quienes la utilizan.

De hecho, la misma inteligencia artificial que consume recursos también está ayudando a optimizar rutas de transporte, reducir desperdicios alimentarios o mejorar los procesos de reciclaje y recuperación de materiales. En este sentido, la planta de tratamiento de residuos de Reciclamás en Valencia constituye un ejemplo de esta última aplicación.

«Durante años se ha aprendido a separar correctamente una botella o una lata. El siguiente paso será entender que también existe un impacto ambiental detrás de la actividad digital», explica Fran Escudero, responsable de marketing y comunicación de Reciclamás.

Lo invisible también deja huella

Hace años se entendió por fin que una simple lata de aluminio no era basura, sino un recurso capaz de volver a convertirse en otra lata con un importante ahorro de energía.

Hoy empieza a ocurrir algo parecido con el mundo digital.

«Cada vez existe una mayor preocupación por la huella ambiental de procesos que antes ni siquiera se asociaban a la sostenibilidad», destaca Escudero, para quien «la conversación ha cambiado. Ya no basta con hablar de los residuos visibles. También es necesario entender el impacto ambiental que existe detrás de la tecnología que se utiliza cada día».

Quizá el próximo gran reto de la sostenibilidad no consista únicamente en separar mejor los residuos, sino también en hacer un uso más consciente de la tecnología.

Porque cada clic cuenta.

Aunque la inteligencia artificial no sustituirá la responsabilidad individual y colectiva, sí puede contribuir a tomar mejores decisiones para construir un modelo más eficiente, más circular y, sobre todo, más inteligente.

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