Casi todas las personas que se plantean trabajar en Europa, lo primero que hacen son cuentas de lo que van a cobrar. Saben más o menos cuánto se gana en un hotel de Suiza, de Austria o de Países Bajos, y lo comparan con lo que ganan en España.
Lo que muy pocos saben es que, además del sueldo, trabajar en otro país europeo puede dar derecho a ayudas públicas o subvenciones, y muchas de ellas se pierden simplemente porque nadie las pide.
Son programas oficiales, financiados por la Unión Europea, por la Seguridad Social española o por los propios países de destino, y están al alcance de cualquier trabajador que cumpla los requisitos. Pero ninguno se concede de forma automática. Hay que solicitarlos, a menudo antes de salir de España y dentro de unos plazos muy concretos. Quien se entera tarde, ya no puede reclamarlos.
Beyland, la firma europea más veterana en la colocación de trabajadores en hoteles en Europa y Suiza, lo ve con frecuencia: muchas de las personas que se marchan por su cuenta descubren estas ayudas cuando ya es tarde para pedirlas. Tres de ellas, en concreto, suman cada año cientos de euros por trabajador que nunca llegan a cobrarse. A continuación, se ven estas tres en profundidad.
Becas EURES: hasta 1.800 euros para la mudanza
La primera la financia la Unión Europea a través del programa EURES Targeted Mobility Scheme. El SEPE las denomina ayudas a la movilidad laboral EURES, aunque también se conocen como becas EURES. Su objetivo es reducir el coste de cambiar de país por trabajo, y cubre partidas muy concretas: el viaje a la entrevista, la mudanza, los cursos de idiomas y el reconocimiento de títulos.
Las cuantías dependen del proyecto a través del cual se tramite la solicitud. En uno de los que cuentan con participación española, coordinado por el servicio público de empleo sueco, la ayuda para la mudanza es una cantidad fija de 600 euros al mes durante tres meses, es decir, 1.800 euros.
A eso se pueden sumar hasta 2.200 euros para un curso intensivo de idiomas, hasta 440 euros para el reconocimiento de cualificaciones y una ayuda adicional si la familia se traslada también. Ese proyecto está activo, de momento, hasta mayo de 2027.
Los requisitos básicos son ser mayor de 18 años, tener nacionalidad y residencia en un país de la UE, Noruega o Islandia, y haber recibido una oferta de trabajo en otro de esos países. El contrato debe ser de al menos seis meses seguidos con la misma empresa y con una jornada mínima del 50 %. Suiza queda fuera, ya que el programa solo abarca la Unión Europea, Noruega e Islandia.
Pero ojo a lo siguiente: la ayuda para la mudanza debe solicitarse como tarde tres semanas antes de salir de España, siempre a través de un consejero EURES, que en España actúa como intermediario. Una vez hecho el viaje, ya no se puede pedir con carácter retroactivo. Conviene saber también que no es un derecho automático: cada solicitud se estudia por separado y puede rechazarse si no cumple todas las condiciones. Y quien deja el puesto antes de los seis meses sin un motivo justificado puede verse obligado a devolverla.
El paro no tiene por qué perderse al irse a trabajar fuera
El segundo descuido tiene que ver con la prestación por desempleo. Aquel que está cobrando el paro en España y recibe una oferta en el extranjero puede caer en la tentación de marcharse sin más trámite. Ese gesto puede costarle todos los meses de prestación que le quedaban por cobrar.
La normativa del SEPE contempla una salida mucho más favorable. Si el traslado al extranjero es para trabajar, dura menos de doce meses y se comunica al SEPE antes de viajar, la prestación no se pierde: queda suspendida. A la vuelta, si no hay un nuevo empleo, se puede pedir que se reanude y seguir cobrando los meses pendientes. Si la estancia supera el año, en cambio, la prestación se extingue.
Existe además una segunda opción para quien todavía no tiene contrato y quiere irse a buscarlo. Con el formulario U2, que se solicita en la oficina de prestaciones, el paro español puede seguir cobrándose durante tres meses mientras se busca empleo en otro país de la UE, del Espacio Económico Europeo o en Suiza, con posibilidad de prorrogarlo hasta seis. Para ello hay que estar en desempleo total, llevar al menos cuatro semanas inscrito como demandante de empleo en España e inscribirse en el servicio de empleo del país de destino en los siete días siguientes a la baja en España. El formulario solo es válido para un país y, para no perder el derecho, hay que volver antes de que venza el plazo.
Seguro médico en Países Bajos y Suiza: una factura que el Estado ayuda a pagar
La tercera ayuda es la que más sorprende, porque toca un gasto que pocos tienen en cuenta antes de viajar. Tanto en Países Bajos como en Suiza la sanidad funciona con un seguro privado, pero obligatorio, que cada trabajador debe contratar y pagar de su bolsillo nada más llegar. Precisamente por eso, ambos países tienen subvenciones públicas para que las rentas más bajas puedan asumirlo.
En Países Bajos, la ayuda se llama zorgtoeslag y la paga cada mes la Agencia Tributaria neerlandesa. En 2026, una persona sola puede recibir hasta 129 euros al mes (1.548 euros al año), mientras que la prima media del seguro básico ronda los 159 euros mensuales. Dicho de otro modo, la ayuda puede cubrir en torno al 80 % de la cuota.
Tienen derecho quienes no superen los 40.857 euros de ingresos anuales, y se solicita por internet con la identificación digital del país (DigiD). Como se calcula sobre los ingresos del año, quien llega a mitad de ejercicio suele quedar en los tramos más bajos y, por tanto, con la ayuda más alta.
En Suiza la factura es bastante mayor. La prima media mensual en 2026 es de 465 francos para los adultos y de 326 para los jóvenes de 19 a 25 años, y para 2027 ya se han anunciado subidas hasta los 488 y los 339 francos, respectivamente.
Allí la ayuda se denomina Prämienverbilligung y la gestiona cada cantón, que es como se llaman las 26 regiones en las que se divide el país, cada una con un amplio margen de autonomía. No se ingresa al trabajador, sino que se descuenta directamente de la factura del seguro. Las condiciones, los plazos y las cuantías varían de un cantón a otro, y en algunos casos los trabajadores con permisos de corta duración tienen el acceso limitado, por lo que conviene informarse en el cantón de destino nada más llegar.
En ambos países se repite el mismo patrón: la ayuda existe, pero hay que solicitarla, y quien no lo hace paga la cuota entera mes tras mes sin saber que no tenía por qué.
Beyland: salir de España con el trabajo, el techo y los trámites resueltos
Todas estas ayudas tienen algo en común: dependen de hacer el trámite adecuado en el momento adecuado. Algunas, como las becas EURES o la suspensión del paro, deben gestionarse antes de salir de España. Otras, como las del seguro médico en Países Bajos o Suiza, se solicitan ya en el país de destino, en cuanto el trabajador se instala. Una solicitud que no se envió a tiempo, un aviso que no se hizo o un formulario que no se pidió bastan para quedarse sin ellas.
Por eso la preparación previa es tan importante como el propio contrato. Beyland, una agencia de trabajo en Europa y Suiza especializada en hostelería con más de quince años de trayectoria, deja resuelto antes de la salida lo que más suele complicarse: el contrato firmado, el alojamiento organizado por el propio hotel y la documentación necesaria para viajar. Dentro de esa preparación, la agencia también orienta a sus candidatos sobre las ayudas que pueden corresponderles según su destino y su situación, para que ningún plazo se escape por desconocimiento.
La agencia trabaja principalmente con hoteles de montaña y de zonas rurales en países como Austria, Alemania, Países Bajos, Irlanda, Noruega o Suiza. Son entornos tranquilos donde el alojamiento está a pocos minutos a pie del trabajo, y en ocasiones dentro del mismo hotel. Con la vivienda resuelta y estas ayudas bien aprovechadas, la diferencia entre lo que se cobra y lo que de verdad se ahorra puede ser notable.
La recomendación de la agencia es clara: informarse bien de las ayudas disponibles forma parte de la preparación, igual que revisar el contrato. Unas horas dedicadas a estos trámites pueden traducirse en cientos de euros al final de la estancia.