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Arona consolida su modelo de turismo deportivo con el Atlántico como eje

5 de febrero de 2026

Mar practicable todo el año, espacios integrados y una cultura activa han convertido al municipio en un referente del “deporte azul”, un modelo que entiende el océano y el entorno costero como espacio deportivo natural activo los 365 días. Un destino donde moverse es parte del viaje.

Arona, 5 de febrero de 2026.- Hay lugares que necesitan explicarse. El municipio tinerfeño de Arona no es uno de ellos. Basta con observar durante unos minutos: una tabla apoyada en la arena antes de que el sol termine de salir, un grupo de nadadores entrando al agua sin ceremonia, corredores que avanzan en silencio por el litoral. No ocurre nada extraordinario y, sin embargo, ahí está la clave. En Arona, el deporte no irrumpe en el paisaje; forma parte de su pulso cotidiano.

“Deporte azul”: océano, territorio y práctica deportiva todo el año

Este municipio del sur de Tenerife se ha consolidado con el tiempo como un espacio deportivo natural abierto los 365 días del año. Un modelo que responde a lo que Arona define como “deporte azul”: la integración del océano y el entorno costero como parte activa de la práctica deportiva cotidiana, no por una estrategia impostada, sino por una suma de factores que funcionan con precisión: clima estable, mar practicable durante todo el año, espacios urbanos integrados y una cultura local que entiende el movimiento como algo natural, no como espectáculo.

La presentación de su calendario deportivo en FITUR 2026, junto a Spring Hotels, sirve más como confirmación que como anuncio. Lo que se mostró en IFEMA es la versión estructurada de algo que ya sucede a diario: un modelo que trasciende el evento y se apoya en una forma de entender el territorio y el estilo de vida asociado al deporte.

En este sentido, según Yaiza González, directora de producto de Spring Hotels, la estrategia no se limita a la oferta de alojamiento, sino que responde a una visión más amplia del destino: “Lideramos una filosofía de vida. Tenemos la ambición de dar a Arona la relevancia que merece como enclave que compite globalmente por su capacidad de acoger deportistas de élite los 365 días del año”.

Por su parte, Jose Fernández, promotor del Spring Surfest Las Américas, también aprovechó la ocasión para “agradecer, una vez más, el apoyo y la confianza que nos brindan tanto Arona como Spring Hotels, permitiéndonos año a año seguir trabajando y creciendo con el respaldo y la tranquilidad que nos brindan nuestros patrocinadores”.

Cuatro eventos de proyección internacional actúan como puntos de referencia visibles, pero el verdadero valor de Arona está en todo lo que ocurre entre esas fechas.

Destino activo

El Atlántico es el gran escenario, no como telón de fondo, sino como auténtica superficie de juego. El surf en Playa de Las Américas ha convertido este tramo de costa en un punto de encuentro para deportistas de distintos países, niveles y generaciones, mientras que la natación en aguas abiertas encuentra aquí un entorno exigente y transparente, donde el reto físico se mide tanto en resistencia como en respeto al medio. El mar no se domestica: se comparte.

Pruebas como The Blue Challenge o el Spring Surfest Las Américas Pro reflejan esta relación directa con el océano. Eventos que no maquillan el entorno, sino que dialogan con él y refuerzan una idea clara: no se trata solo de competir, sino de comprender el espacio en el que se compite.

Pero el deporte en Arona no termina cuando se sale del agua. El asfalto completa el relato. Carreras como la Spring Run o la Media Maratón de Las Galletas trazan recorridos que conectan zonas turísticas con núcleos locales, borrando fronteras entre quien visita y quien vive. El corredor no atraviesa un decorado; recorre un municipio en funcionamiento.

Modelo referente

Este modelo se sostiene sobre una colaboración público-privada que ha apostado por la continuidad y la coherencia, alejándose de la lógica del evento aislado para trabajar el deporte como un lenguaje común. Un enfoque capaz de generar impacto económico, atraer perfiles viajeros activos y, al mismo tiempo, reforzar hábitos saludables entre la población local.

Frente a la idea tradicional de “destino deportivo”, habitualmente asociada a grandes infraestructuras o a temporadas concretas, Arona propone otra cosa: normalidad activa. La posibilidad de entrenar cualquier día del año sin grandes preparativos, de integrar el deporte en la experiencia del viaje sin forzarla y de convivir con atletas de élite y aficionados en los mismos espacios, sin jerarquías.

No hay épica impostada ni promesas grandilocuentes, sino constancia. Y en turismo, como en el deporte, la constancia es una forma silenciosa de excelencia que no necesita proclamarse.

Arona no se presenta como un lugar al que venir a competir, sino como un territorio donde el cuerpo encuentra su ritmo, donde moverse no es una actividad programada, sino una consecuencia natural de estar ahí.

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