10 de febrero de 2026
A muchos sitios se viaja principalmente porque se come de maravilla. La gastronomía mueve muchos visitantes, que ven en la cocina un generador de experiencias singulares. Asadores, restaurantes únicos, bodegas de ensueño y recetarios que se han mantenido casi intactos a lo largo del tiempo. Hay, además, lugares que conservan un encanto especial por su tradición repostera. No pocos han recibido el encargo de sus seres queridos de traer una bandeja de dulces típicos si van a visitar alguno de los sitios que recomienda Grupo RVEDIPRESS, la agencia de comunicación especializada en comunicación turística.
Sabor morisco en la repostería de Baena
A primerísima hora de la mañana en esta localidad cordobesa, las inmediaciones de sus panaderías y obradores huelen a naranja, canela y almendra. Es un olor tan cautivador como adictivo. Las celebraciones en Baena suelen ir acompañadas de dulces con una impronta muy característica de la zona. Fabiolas, gachas, pestiños, manoletes y los aclamados panetillos de cortijo, de gran fama en la zona. Son solo algunos de los delicados bocados de una repostería humilde, pero de una calidad sobradamente probada.
El Tesoro de Santa Clara, en Llerena. Dulces con mucho corazón
En la Campiña Sur Extremeña se lleva elaborando uno de los postres más populares de la región. En el Convento de Clausura de Santa Clara se guarda con mucho celo una receta ancestral que, si bien carece de dificultad, sí que tiene ese mimo y dedicación que hace de un postre, una verdadera seña de identidad. Los “corazones de las Monjas de Llerena”, a base de huevos, miel y almendras, son un aliciente para volver a la localidad una y otra vez.
Una ciudad milenaria y unos dulces conventuales irresistibles
Sin salir de Extremadura, en Coria, las monjas de clausura del Convento de la Madre de Dios ponen en serios aprietos a los viajeros a la hora de elegir una de entre sus deliciosas creaciones. Ya sean roscas de piñonate, mantecados, brazos de gitano, mazapanes, yemas o galletas surcadas, entre otros muchos dulces como los que definen la generosa repostería popular cauriense, siempre hay un bocado y una ocasión perfecta para disfrutarlo.
Alcalá de Henares, cuna de Cervantes y la repostería
Esta ciudad Patrimonio de la Humanidad presume de excelsa gastronomía. A la hora de los postres, sus restaurantes ofrecen a los comensales verdaderas delicias como las rosquillas de Alcalá o los penitentes. Pero es la costrada, con su crema y merengue cubierto de almendra picada y gratinada la que genera más caras de satisfacción al probarla.
Menorca es un paraíso para los golosos donde la repostería es pura tradición familiar
Destaca la coca bamba, una ensaimada de masa alta con patata ideal para mojar en chocolate, y el trío festivo formado por los crespells de confitura, las contundentes formatjades de carne y los rubiols rellenos. Para cerrar cualquier comida, nada supera el crujido de los carquinyols de almendra con un café. Es una cocina que equilibra lo dulce y lo salado, perfecta para llevarse un trocito de la isla en la maleta.
El secreto de Formentera que algunos no conocen
La pequeña de las Pitiusas ha hecho de su gastronomía una bandera. Disfrutar del sabor de una isla icónica siempre ha sido un reclamo para aquellos que saben apreciar un recetario cuidado y que enganche. Formentera lo tiene y entre sus muchos platos, es posible que la greixonera defina como nadie el concepto de cocina de aprovechamiento. A partir de las ensaimadas duras de días anteriores, con cariño y un poco de canela, leche, huevo y ralladura de limón se puede disfrutar de un postre perfecto para celebraciones familiares.