20 de abril de 2026
Cada primavera, cuando abril se despide y los campos de La Mancha comienzan a mostrar su transición hacia el verano, Tomelloso revive una de sus celebraciones más intensas, simbólicas y colectivas, la Romería en honor a la Santísima Virgen de las Viñas. No se trata únicamente de una fiesta, sino de una manifestación profunda de identidad, donde tradición, arte y comunidad se entrelazan en un escenario único. El programa de la edición de 2026 vuelve a demostrar que esta celebración, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, sigue siendo uno de los pilares culturales del municipio, combinando un completo programa de actividades con un arraigo histórico que hunde sus raíces en el siglo XX.
El programa de la Romería en el año 2026 ha mantenido la estructura tradicional, organizada en torno a varios días de celebración que combinan actos religiosos, actividades populares y eventos culturales. Los días previos ya comienzan a crear ambiente con la presentación oficial, concursos, actividades infantiles y eventos culturales que implican a asociaciones y colectivos locales. Es una fase preparatoria donde la ciudad empieza a transformarse: balcones engalanados, ensayos de grupos y preparación de carrozas y reatas. El viernes marca el inicio efectivo con la concentración de peñas, actuaciones musicales y actividades festivas, donde la participación ciudadana es clave: familias, asociaciones y grupos de amigos se organizan para vivir la romería de forma colectiva. El sábado se convierte en una jornada de transición hacia el día grande. Se celebran concursos de carros, exhibiciones tradicionales, música en directo y actividades que refuerzan el carácter popular de la fiesta. Es también el momento en que se pueden contemplar con más detalle los elementos identitarios: carros preparados, mulas engalanadas y vestimentas tradicionales.
El domingo constituye el núcleo central de la romería. Desde primera hora, miles de personas se desplazan hacia el Santuario de Pinilla, situado a unos cuatro kilómetros del casco urbano. Este recorrido, más allá de su dimensión festiva, tiene un claro sentido simbólico y ritual: es una peregrinación colectiva hacia el espacio sagrado.
La jornada culmina con la procesión de regreso de la Virgen a Tomelloso, uno de los momentos más emocionantes, donde tradición religiosa y sentimiento colectivo alcanzan su máxima expresión, y que bien merece la pena ser disfrutada por cualquier visitante o turista.
La Romería de Tomelloso tiene su origen en 1944, cuando se celebró por primera vez en el paraje de Pinilla, en una jornada recordada como la “romería pasada por agua” debido a la lluvia que acompañó aquel día. Desde entonces, la celebración no ha dejado de crecer, evolucionando sin perder su esencia y consolidándose no solo como una de las principales manifestaciones culturales de la localidad, sino como una de las romerías más destacadas de Castilla-La Mancha, si no la más singular por la riqueza de sus elementos tradicionales y su fuerte identidad colectiva.
Sin embargo, su sentido profundo va mucho más allá de esa fecha fundacional. La devoción a la Virgen de las Viñas está íntimamente ligada a la vida agrícola de la zona y al carácter vitivinícola de Tomelloso. Su iconografía, con los racimos de uvas blancas y tintas que porta, no es un elemento decorativo, sino un símbolo directo de la relación entre el pueblo y la tierra, entre la fe y el trabajo agrícola que durante generaciones ha sustentado la economía local. Esta conexión dota a la romería de una dimensión que trasciende lo religioso para convertirse en una expresión cultural completa.
El traslado de la Virgen al Santuario de Pinilla en 1949 fue un momento clave en la consolidación de la fiesta tal y como hoy se conoce. Este hecho no solo fijó un espacio físico para la celebración, sino que estableció un eje simbólico entre el núcleo urbano y el entorno rural. El recorrido anual hasta Pinilla y su posterior regreso no es únicamente un desplazamiento festivo, sino un auténtico ritual colectivo que refuerza la conexión con el territorio y con la identidad local.
Es precisamente esta combinación de historia, simbolismo, participación popular y riqueza estética —con elementos tan característicos como las reatas de mulas, los carros romeros y los bordados tradicionales— lo que sitúa a la Romería de Tomelloso en un lugar destacado dentro del panorama regional. No se trata solo de una fiesta bien organizada o multitudinaria, sino de una celebración profundamente enraizada, donde cada detalle tiene significado y donde la comunidad entera se reconoce.
Se puede decir con buen fundamento que la celebración mariana es una de las mejores de Castilla-La Mancha, no solo por su espectacularidad, sino por su capacidad de mantener viva una tradición auténtica, coherente y plenamente integrada en la identidad de su pueblo.
Uno de los rasgos más distintivos de la Romería de Tomelloso es la presencia de manifestaciones artísticas populares que funcionan como auténticos símbolos identitarios.
Entre ellas destacan tres elementos fundamentales la Virgen de las Viñas; las reatas de mulas enjaezadas y los carros romeros
Estos tres elementos no actúan de forma aislada, sino que configuran un sistema simbólico interrelacionado que expresa la historia y la cultura del municipio .
Las reatas de mulas constituyen, sin duda, uno de los elementos más espectaculares y distintivos de la Romería de Tomelloso, tanto por su impacto visual como por el significado cultural que encierran. Estas agrupaciones de animales, organizadas en un sistema de enganche tradicional, no solo desfilan como parte del recorrido festivo, sino que lo hacen mostrando una destreza singular: avanzan sin riendas, guiadas exclusivamente por la voz de quien las conduce. Este aspecto, que puede pasar desapercibido para el visitante, es realmente uno de los rasgos más singulares de la romería en el contexto nacional, ya que refleja un profundo conocimiento del animal, una relación basada en la confianza y una tradición de doma transmitida durante generaciones. Tal y como se recoge en estudios etnográficos, este tipo de conducción “a la voz” distingue claramente a Tomelloso frente a otras zonas donde predominan sistemas más controlados mediante riendas.
El enjaezamiento de las mulas, ya sea en su versión de lujo o seda, o en su modalidad más sobria de sencillo, trasciende lo meramente decorativo para convertirse en una auténtica forma de arte popular. Cada elemento como las mantillas bordadas, los penachos, los cabezones, los atalajes, responde a una tradición estética y simbólica muy definida. Las mantillas, elaboradas principalmente por mujeres, requieren meses de trabajo y reflejan no solo una habilidad técnica, sino también un lenguaje visual propio, donde aparecen motivos florales, escenas costumbristas o referencias a la identidad local. En este sentido, el proceso de elaboración no es solo artesanal, sino también cultural, ya que implica la transmisión de conocimientos, técnicas y significados de una generación a otra, reforzando el papel de la romería como espacio de continuidad histórica.
A todo ello se suma el esquilado artístico de la grupa, una práctica menos conocida pero de gran valor simbólico y creativo. Mediante el uso de tijeras, se trazan dibujos, formas geométricas, nombres o lemas directamente sobre el pelo del animal, convirtiendo su cuerpo en un soporte expresivo. Esta técnica, que requiere precisión, experiencia y una notable sensibilidad estética, añade una dimensión artística adicional que transforma a las mulas en auténticos lienzos vivos. En estos grabados efímeros se pueden leer mensajes vinculados a la tradición, la identidad o la propia romería, reforzando así el carácter comunicativo de la fiesta.
Desde el punto de vista turístico las reatas de mulas no solo constituyen un espectáculo visual de gran belleza, sino que representan uno de los núcleos simbólicos más importantes este evento. En ellas convergen trabajo, arte, tradición y memoria, convirtiéndose en un ejemplo claro de cómo una práctica ligada originalmente a la vida agrícola puede resignificarse en el presente como patrimonio cultural vivo.
Los carros, cuidadosamente preparados y decorados, evocan el pasado agrícola de la localidad. Durante la romería, se transforman simbólicamente en carros festivos, cargados con elementos tradicionales como costales de grano, recordando la vida de los antiguos agricultores.
Este proceso de transformación tiene un significado ritual: convierte un objeto funcional en un elemento simbólico, cargado de identidad colectiva. Desde una perspectiva antropológica, la romería no es solo una celebración religiosa o festiva, sino un mecanismo de construcción de identidad social.
Las artes populares asociadas a la romería —bordados, enjaezamiento, decoración— actúan como elementos cohesionadores que refuerzan el sentimiento de pertenencia. Como señala el estudio etnográfico, estas prácticas permiten a los habitantes de Tomelloso reconocerse como comunidad. El concepto de pueblo adquiere aquí un significado especial: no solo como espacio físico, sino como comunidad emocional y cultural.
Uno de los aspectos más interesantes y, al mismo tiempo, más complejos de la Romería de Tomelloso es su capacidad para mantener viva la tradición en un contexto claramente contemporáneo. En una época en la que el mundo rural ha experimentado transformaciones profundas —mecanización del campo, cambios en los modos de vida, desplazamiento de las actividades agrarias tradicionales—, la romería no ha quedado como un vestigio estático del pasado, sino que ha sabido adaptarse sin perder su esencia.
Aunque la agricultura ya no depende de las mulas como ocurría hace décadas, estos animales continúan ocupando un lugar central en la celebración. Su presencia no responde hoy a una necesidad económica, sino a un valor simbólico profundamente arraigado. Las reatas de mulas enjaezadas representan la memoria del trabajo agrícola, el esfuerzo colectivo de generaciones y la relación íntima entre el ser humano y la tierra. En ellas se condensa una forma de vida que, aunque ya no sea funcional en términos productivos, sigue siendo fundamental en la construcción de la identidad local.
Esta resignificación es clave para entender la romería actual. Las mulas, los carros y los elementos tradicionales no son simplemente reproducidos como una escenografía del pasado, sino reinterpretados desde el presente. Quienes hoy participan en este importante evento para la ciudad no lo hacen desde la necesidad, sino desde la conciencia cultural: saben que están manteniendo viva una herencia, dotándola de nuevos significados sin romper su continuidad histórica. Se convierte así en un espacio privilegiado donde pasado y presente conviven de manera natural y dinámica. La tradición agrícola se manifiesta en cada detalle: en el enjaezamiento de las mulas, en la disposición de los carros, en los bordados que representan escenas del campo o símbolos locales. Al mismo tiempo, esta tradición se inserta en una celebración plenamente contemporánea, en la que conviven la música actual, las nuevas formas de sociabilidad y la participación de generaciones que ya no han vivido directamente ese mundo rural.
La identidad cultural de Tomelloso encuentra en esta fiesta uno de sus principales escenarios de expresión. No se trata solo de recordar lo que fue el pasado, sino de afirmarlo como parte del presente, permite a la comunidad reconocerse, reafirmarse y proyectarse, estableciendo un puente entre quienes vivieron esa realidad agrícola y quienes la conocen a través de la tradición.
Cabe destacar que, la romería ha sabido integrarse en las dinámicas actuales de celebración colectiva, incorporando elementos organizativos, culturales y turísticos propios del siglo XXI sin perder su carácter popular. Esta convivencia entre lo tradicional y lo moderno no genera conflicto, sino que refuerza el valor de la fiesta, haciéndola accesible, participativa y relevante para la sociedad actual.
Quien visite la Romería en 2026 se dará cuenta de que no es únicamente una concentración de actos lúdicos o religiosos, ni siquiera una cita anual esperada por tradición; es, ante todo, un espacio compartido de memoria colectiva, de identidad arraigada y de comunidad viva. Durante esos días, Tomelloso se reconoce a sí mismo en cada gesto, en cada imagen y en cada recorrido, como si todo el pueblo se reescribiera simbólicamente a través de la romería, la celebración que posee una carga significativa que va mucho más allá de lo estético. Una mantilla bordada no es solo una pieza artesanal, es el resultado de horas de trabajo, de aprendizaje transmitido entre generaciones, de una memoria femenina que ha sabido conservar técnicas, motivos y símbolos. Del mismo modo, una reata de mulas enjaezadas no es únicamente un espectáculo visual; es la evocación directa de un pasado agrícola, de una forma de vida en la que estos animales eran fundamentales para la economía y la supervivencia familiar. En ellas se sintetiza el esfuerzo, la dignidad del trabajo y el orgullo de pertenecer a una cultura rural que ha sabido transformarse sin desaparecer.
Encuentran los visitantes menos familiarizados con estas tradiciones un simbolismo complejo, donde todo comunica. Los carros cuidadosamente preparados, las rutas hacia el Santuario de Pinilla, los colores, los bordados, las músicas y las formas de participación. Todo forma parte de un entramado cultural que ha ido construyéndose a lo largo del tiempo y que hoy sigue activo, reinterpretándose en cada edición sin perder su esencia. Como señala el estudio etnográfico sobre esta festividad, las prácticas artísticas vinculadas a la romería actúan como auténticos elementos de cohesión social, permitiendo a los habitantes de Tomelloso reconocerse como comunidad .
En un contexto marcado por la transformación del mundo rural, la mecanización del campo y los cambios sociales profundos, la Romería de Tomelloso adquiere un valor aún más relevante. Allí donde muchas tradiciones se diluyen o se convierten en meras representaciones turísticas, esta celebración sigue funcionando como un auténtico anclaje cultural. No se trata de una recreación del pasado, sino de una continuidad viva, en la que las nuevas generaciones participan activamente, reinterpretando los códigos heredados y manteniendo su significado.
Los días de Romería son para los tomelloseros y visitantes un momento en el que el tiempo cotidiano se suspende y da paso a un tiempo simbólico, compartido, en el que el pueblo se reconoce en sus raíces y proyecta su continuidad. El desplazamiento hacia el Santuario, la convivencia en torno a los carros, la emoción de la procesión o la contemplación de las reatas forman parte de un ritual colectivo que refuerza los vínculos sociales y emocionales.
Por todo ello, se puede decir que la Romería de Tomelloso no solo se celebra sino que se vive con intensidad, se construye colectivamente a través del esfuerzo y la implicación de generaciones enteras, y se transmite como un legado que no pertenece únicamente al pasado, sino también al presente y al futuro. Es, en definitiva, una de esas manifestaciones culturales que explican cómo una comunidad se mantiene unida en torno a sus símbolos, adaptándose al cambio sin renunciar a lo que la define.