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miércoles, 26 de agosto de 2026

El riesgo de la legionela aumenta con las olas de calor

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El riesgo de la legionela aumenta con las olas de calor
/ DS

El aumento de las temperaturas obliga a reforzar el mantenimiento de hospitales, residencias y otras instalaciones con sistemas de agua para prevenir brotes de legionelosis.

Las olas de calor no sólo llenan hoteles y piscinas, sino que también aumentan el riesgo de proliferación de la bacteria Legionella en instalaciones de uso cotidiano con sistemas de agua, como comunidades de vecinos, spas o gimnasios. Los expertos recuerdan que el peligro no está en estos espacios, sino en la falta de un mantenimiento adecuado, clave para prevenir brotes de legionelosis y proteger la salud pública.

La legionelosis continúa siendo una enfermedad de especial vigilancia epidemiológica por su potencial gravedad, especialmente entre personas mayores, pacientes hospitalizados o inmunodeprimidos. Hospitales, centros de salud, residencias de mayores y otros edificios con sistemas complejos de agua caliente sanitaria, refrigeración o humidificación requieren durante los meses de verano una vigilancia especialmente estricta para evitar la aparición de brotes.

El riesgo no depende únicamente de la presencia de la bacteria —habitual en medios acuáticos—, sino de las condiciones que favorecen su multiplicación y posterior dispersión mediante aerosoles. Cuando el agua permanece entre 20 ºC y 45 ºC, especialmente en torno a los 35-37 ºC, la bacteria encuentra el momento ideal para proliferar, tratándose precisamente de unas condiciones que las olas de calor pueden favorecer en numerosos sistemas de almacenamiento y distribución de agua.

El mantenimiento, la principal barrera frente a la legionela

Desde EZSA Sanidad Ambiental insisten en que la legionela no convierte en peligrosas las instalaciones, sino que el verdadero factor de riesgo es un mantenimiento insuficiente o discontinuo.

Sistemas sanitarios de agua fría y caliente, torres de refrigeración, humidificadores, nebulizadores, piscinas, jacuzzis, fuentes ornamentales, sistemas de riego o protección contra incendios pueden convertirse en focos de proliferación cuando existen zonas de agua estancada, acumulación de sedimentos o biopelículas formadas por materia orgánica, algas y protozoos, que sirven de alimento a la bacteria.

En el ámbito sanitario, donde conviven pacientes especialmente vulnerables, la prevención adquiere una importancia crítica. Un programa de mantenimiento adecuado reduce significativamente el riesgo y debe mantenerse durante todo el año, evitando concentrar las actuaciones únicamente en verano o cuando se producen episodios de calor extremo.

"Mucha gente disfruta en verano de hoteles, piscinas o spas sin saber que detrás hay un trabajo de mantenimiento continuo que garantiza que el agua sea segura. La legionela no es un riesgo inevitable: es un riesgo controlable. Y la diferencia entre una instalación segura y una que no lo es está, casi siempre, en la constancia del mantenimiento”, afirma Ignacio Santamarta, director de EZSA Sanidad Ambiental.

Las altas temperaturas exigen adelantarse al problema

La legionelosis se transmite exclusivamente por la inhalación de microgotas de agua contaminada; no existe contagio entre personas. Por ello, controlar el estado de las instalaciones resulta mucho más eficaz que actuar cuando aparece un caso.

Los especialistas recomiendan realizar inspecciones periódicas, controlar la temperatura del agua, evitar estancamientos, mantener niveles adecuados de desinfectantes y verificar el correcto funcionamiento de los sistemas de filtración y recirculación. Cuando es necesario, deben aplicarse tratamientos específicos mediante biocidas como el cloro —el más utilizado—, aunque también existen alternativas como el bromo, el ozono o la luz ultravioleta.

Asimismo, el origen del agua también influye en el nivel de riesgo. Los sistemas abastecidos por la red pública presentan menores probabilidades de proliferación que aquellos alimentados mediante pozos o aljibes sin un mantenimiento adecuado.

La prevención no empieza cuando llega el calor

Uno de los errores más frecuentes consiste en limitar las labores de limpieza y desinfección a la temporada estival. Sin embargo, los expertos recuerdan que la prevención debe planificarse de forma continuada para evitar que la bacteria se establezca en depósitos, conducciones y equipos durante los meses previos.

En instalaciones como piscinas, por ejemplo, el cierre de temporada constituye una oportunidad clave para realizar limpiezas integrales, revisar los sistemas de filtrado, analizar microbiológicamente el agua y preparar las instalaciones para la siguiente campaña. Del mismo modo, los sistemas de nebulización utilizados en terrazas, establecimientos hosteleros o espacios públicos deben mantenerse durante todo el año para garantizar que continúan ofreciendo confort térmico sin comprometer la seguridad sanitaria.

En un contexto de veranos cada vez más cálidos y prolongados, la prevención frente a la legionela pasa por entender que el mantenimiento de las instalaciones ya no es únicamente una obligación normativa, sino una herramienta esencial de salud pública para proteger especialmente a los colectivos más vulnerables y reducir el riesgo de brotes en espacios sanitarios, asistenciales y de uso colectivo.

Sobre EZSA Sanidad Ambiental

EZSA Sanidad Ambiental desarrolla su actividad en el sector de servicios de Sanidad Ambiental y Control de Plagas. Ocupa posiciones de liderazgo en Control de Plagas, Sanidad Ambiental, Prevención y Control de Legionela.

El prestigio alcanzado por EZSA en sus 30 años de vida es fruto de la alta calidad de sus trabajos y del irrenunciable compromiso con los clientes. El cumplimiento riguroso de la normativa medioambiental y de seguridad en la ejecución de los trabajos ha sido siempre un objetivo estratégico prioritario de la compañía.

Entre sus principales clientes destacan:

Industria alimentaria, farmacéutica, siderúrgica, automoción, minera, manufacturera, generación de energía etc.

Compañías productoras y distribuidoras de electricidad, gas y agua.

Operadoras de telecomunicaciones.

Compañías navieras, aeroportuarias, viarias y ferrocarriles.

Grandes centros comerciales y de distribución, hospitales, hostelería, centros educativos y deportivos.

Organismos públicos de ámbito estatal, autonómico y local.

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