El domicilio está adquiriendo un papel cada vez más relevante en la atención a las personas mayores en España. Frente a modelos basados exclusivamente en recursos residenciales o en cuidados familiares, aumenta la combinación de servicios profesionales que permiten adaptar la asistencia a cada situación. Dentro de esta evolución, el cuidado de mayores por horas ofrece una alternativa flexible para personas que conservan parte de su autonomía, pero necesitan acompañamiento, ayuda con determinadas actividades cotidianas o supervisión durante momentos concretos del día.
Los últimos datos del sistema de dependencia apuntan en esta dirección. En marzo de 2026, las prestaciones vinculadas a entornos de proximidad rozaban ya el 60% del total en España. Entre los servicios profesionales más utilizados se encuentran la teleasistencia, con un 27 %, y la ayuda a domicilio, con un 17 %. Esta última registró además un crecimiento interanual del 12,4 %, reflejo del avance de fórmulas asistenciales desarrolladas en el entorno habitual de la persona.
De un único recurso a diferentes niveles de apoyo
Una de las principales características del nuevo escenario asistencial es la diversidad. La necesidad de ayuda no aparece necesariamente de manera repentina ni evoluciona igual en todas las personas.
Una persona mayor puede comenzar necesitando algunas horas de acompañamiento semanal para realizar compras, acudir a citas o mantener una rutina activa. Posteriormente pueden aparecer dificultades para cocinar, mantener la higiene personal, vestirse o desplazarse con seguridad. En otras situaciones, una enfermedad o un deterioro cognitivo pueden hacer necesaria una presencia profesional mucho más prolongada.
Las enfermedades neurodegenerativas son un buen ejemplo de cómo las necesidades pueden modificarse con el paso del tiempo. En casos de personas con Parkinson, Alzheimer o ELA, durante la evolución de los síntomas puede necesitar incorporar progresivamente ayuda para la movilidad, el aseo, la alimentación o determinadas actividades cotidianas. Por este motivo, el cuidado de mayores con Parkinson a domicilio permite adaptar el apoyo a la situación de cada persona y favorecer su permanencia en un entorno conocido.
Esta evolución explica la convivencia de diferentes modalidades de atención domiciliaria. Los cuidados por horas permiten cubrir franjas concretas; los servicios de mayor duración responden a necesidades diarias más intensas; y la figura del cuidador interno ofrece una alternativa cuando resulta necesaria una presencia continuada en el domicilio.
Más de medio millón de mayores reciben ayuda a domicilio
Los datos del IMSERSO permiten dimensionar el alcance que ya tiene este modelo. A finales de 2024, el Servicio de Ayuda a Domicilio atendía a 589.170 personas mayores en España. El 70,3% las personas usuarias tenía más de 80 años y casi tres de cada cuatro eran mujeres.
El propio organismo define la permanencia de las personas mayores en su domicilio durante el mayor tiempo posible y la prevención del desarraigo como objetivos principales de los servicios de atención domiciliaria.
Esta tendencia coincide con un desafío demográfico de largo recorrido. España supera los 10,1 millones de personas de 65 años o más a comienzos de 2025, equivalentes al 20,72% la población. A ello se añade la transformación de los hogares: las últimas proyecciones del INE estiman que en 2041 existirá 6,7 millones de hogares unipersonales, que representan el 30,6% del total.
El aumento de personas que viven solas plantea nuevas necesidades de acompañamiento y supervisión, especialmente cuando aparecen problemas de movilidad, fragilidad o enfermedades asociadas a la edad.
Desde el acompañamiento hasta los cuidados especializados
La atención en casa tampoco responde a un único perfil. Empresas especializadas como MimoCare articulan servicios que abarcan diferentes situaciones, desde personas mayores autónomas que necesitan apoyo puntual hasta casos de dependencia que requieren una asistencia más intensiva.
Entre estos cuidados se encuentran el acompañamiento y la compañía, la ayuda en la higiene y el aseo personal, el apoyo en la alimentación y las tareas cotidianas, la movilidad y los desplazamientos, el acompañamiento a citas médicas y la supervisión de las rutinas establecidas en cada caso.
La asistencia también puede adaptarse a personas con movilidad reducida, dependencia o necesidades específicas derivadas de enfermedades. Dentro de este ámbito se incluyen los cuidados domiciliarios para personas con Alzheimer y otras demencias, Parkinson y otras patologías que pueden afectar progresivamente a la autonomía.
Las modalidades de contratación permiten, además, responder a distintas intensidades asistenciales. MimoCare ofrece cuidados por horas, cuidadores internos para situaciones que requieren una mayor presencia y servicios adaptados a las necesidades particulares de cada familia.
El objetivo de este modelo no consiste únicamente en cubrir tareas, sino en preservar las capacidades que la persona mantiene y proporcionar el apoyo necesario en aquellas actividades que presentan dificultades.
La atención domiciliaria también transforma el papel de las familias
La expansión de estos servicios modifica igualmente la organización familiar. La incorporación de atención profesional permite distribuir responsabilidades que tradicionalmente han recaído sobre hijos, parejas u otros familiares.
Esta cuestión adquiere especial relevancia cuando las necesidades aumentan. La asistencia en el aseo, las movilizaciones o la supervisión prolongada puede exigir conocimientos, disponibilidad y capacidad física que no siempre existen en el entorno familiar.
La combinación de cuidados profesionales y participación familiar configura así un modelo en el que el domicilio continúa siendo el centro de la vida cotidiana sin convertir a los familiares en únicos responsables de la atención.
Los datos más recientes apuntan, además, hacia una mayor combinación de recursos. El número medio de prestaciones por beneficiario del sistema de dependencia pasó de 1,27 en 2020 a 1,44 en marzo de 2026, un incremento del 12,3 %. La evolución muestra un escenario en el que diferentes apoyos pueden complementarse en función de las necesidades.
El crecimiento de los cuidados de proximidad no supone la desaparición de otros recursos asistenciales. Residencias, centros de día, teleasistencia y atención domiciliaria responden a circunstancias diferentes. Sin embargo, el avance de los servicios prestados en casa confirma un cambio significativo: el lugar donde se desarrolla el cuidado está adquiriendo tanta importancia como el propio cuidado.
Ante una población cada vez más longeva y unas necesidades asistenciales más diversas, la capacidad de adaptar los apoyos a cada etapa se perfila como uno de los elementos centrales del futuro de los cuidados en España.