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viernes, 11 de septiembre de 2026

Volar en globo todo el año; cada estación tiene su momento en el cielo

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Volar en globo todo el año; cada estación tiene su momento en el cielo
/ DS

Hay mañanas de invierno en las que el cielo aparece limpio y el horizonte se dibuja con una nitidez difícil de encontrar en otras fechas. Meses después, la primavera llena los campos de color; el verano adelanta el despertador y el otoño tiñe de ocres las vistas.

El calendario cambia la escena, pero no cierra el cielo. Volar en globo todo el año es posible siempre que la meteorología acompañe, una realidad que Siempre en las nubes (www.siempreenlasnubes.com) traslada a su programación con vuelos durante los doce meses y una selección de las jornadas y horas más adecuadas para despegar.

Cuatro estaciones y ninguna tiene la exclusiva del cielo

No existe un mes señalado en rojo como el mejor para subir a un globo. Cada época aporta algo distinto y obliga, a su vez, a observar con atención la previsión de cada jornada. Primavera y otoño pueden traer mayor inestabilidad, pero también algunas de las estampas más vistosas del calendario: campos en flor durante una y una sucesión de tonos ocres durante la otra.

El verano cambia el ritmo. Como los vuelos de pasajeros se realizan cerca del amanecer, los días más largos obligan a comenzar antes. En invierno ocurre justo lo contrario. Además de permitir un inicio más tardío, las mañanas despejadas pueden regalar cielos especialmente limpios y vistas muy nítidas. La lluvia, la niebla o el viento, sin embargo, pueden impedir determinadas salidas.

Ahí reside la diferencia entre hablar de temporada y hablar de meteorología. Volar en globo todo el año no supone que cualquier día sea válido, sino que todos los meses ofrecen oportunidades. Dentro de cada uno se buscan las jornadas más tranquilas y las horas más propicias. La época transforma el escenario; el tiempo decide cuándo llega la ocasión de levantar el vuelo.

El mejor momento no está en el calendario, sino en cada jornada

La elección continúa incluso dentro del propio día. Siempre en las nubes concentra sus vuelos de pasajeros a primera hora de la mañana, prácticamente al amanecer, cuando habitualmente el viento es más suave y constante y la atmósfera presenta mayor estabilidad. Esa franja se desplaza a medida que avanzan los meses: en verano llega muy temprano; en invierno, bastante después.

Es precisamente en esas primeras horas cuando comienza una actividad que se prolonga durante aproximadamente tres horas, con alrededor de una hora en el aire. La empresa, autorizada por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), realiza paseos en Segovia, Salamanca, Toledo, Aranjuez y Mérida, además de otros destinos y parajes naturales. Tras dejarse llevar por el viento, la experiencia continúa en tierra con un brindis con vino espumoso y picnic de productos locales de proximidad, diploma de bautismo aéreo, reportaje fotográfico y vídeo HD.

Enero no muestra las mismas vistas que mayo, ni octubre ofrece la misma luz que agosto. Esa transformación forma parte del atractivo de mirar el territorio desde arriba: no hay que esperar una supuesta temporada perfecta, sino encontrar en cada mes el día y la hora adecuados para descubrir una perspectiva diferente desde el cielo.

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