La provincia de Málaga gestionó durante 2025 un total de 3.680 toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) a través de la Fundación Ecolec, organización sin ánimo de lucro dedicada a la recogida y tratamiento de este tipo de desechos. La cifra equivale a 2,06 kilos por habitante, según los datos facilitados por la entidad.
El director general de la Fundación Ecolec, Luis Moreno, ha valorado los resultados y ha señalado que el dato "pone de manifiesto la implicación de la ciudadanía malagueña sobre la importancia de reciclar correctamente los dispositivos electrónicos y su contribución a la protección de nuestro entorno".
Un problema que crece más rápido que su reciclaje
El balance malagueño se enmarca en un contexto internacional de aumento sostenido de este tipo de residuos. Según el informe The Global E-Waste Monitor 2024, elaborado con datos de Naciones Unidas, en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de basura electrónica en el mundo, el equivalente a llenar 1,55 millones de camiones de gran tonelaje.
El documento apunta que la generación de RAEE crece a un ritmo de 2,6 millones de toneladas al año, cinco veces más rápido de lo que se recicla, y estima que en 2030 se alcanzarán los 82 millones de toneladas.
Del frigorífico al conflicto social
Moreno ha advertido de las consecuencias de una gestión inadecuada. "Sobran los motivos que demuestran por qué la correcta gestión de los RAEE es crucial. Un claro ejemplo es que un solo frigorífico mal procesado libera a la atmósfera emisiones contaminantes comparables a las de un vehículo tras recorrer 15.000 kilómetros", ha explicado.
El responsable de Ecolec también ha aludido al impacto ético de la tecnología: "Las repercusiones de desechar de forma inadecuada nuestros dispositivos golpean con especial dureza a aquellas regiones donde la extracción de recursos para su fabricación genera graves conflictos sociales".
La práctica totalidad de los equipos tecnológicos de uso cotidiano pueden reincorporarse al ciclo productivo. A través del reciclaje se facilita la reutilización de sus componentes y se garantiza un tratamiento de descontaminación limpio y seguro.
En esa cadena, la ciudadanía ejerce un papel determinante: depositar los aparatos en los puntos limpios o en los comercios adheridos evita la emisión de gases contaminantes y contribuye a frenar la sobreexplotación de recursos naturales.