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jueves, 13 de agosto de 2026

Las olas de calor elevan el riesgo para las personas mayores durante el verano en España

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Las olas de calor elevan el riesgo para las personas mayores durante el verano en España
/ DS

Las altas temperaturas pueden agravar enfermedades previas y aumentar el riesgo de deshidratación y golpes de calor entre la población de edad avanzada

El verano representa un periodo de especial riesgo para las personas mayores en España, debido a la mayor vulnerabilidad del organismo frente a episodios prolongados de calor. La situación adquiere especial relevancia en grandes núcleos urbanos como Madrid, uno de los territorios donde las altas temperaturas obligan a extremar la prevención durante el verano, especialmente entre la población de edad avanzada. Por eso, el cuidado de personas mayores a domicilio Madrid adquiere especial importancia para quienes viven solos, presentan enfermedades crónicas, tienen dificultades de movilidad o necesitan apoyo para mantener correctamente sus rutinas de alimentación e hidratación.

Los datos oficiales reflejan la dimensión del problema. El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) estima 27.564 muertes atribuibles a las altas temperaturas en España entre 2015 y 2025. Solo en 2025 se contabilizaron 3.832, el segundo registro más elevado del periodo analizado. El impacto del calor tampoco afecta de la misma manera a todos los grupos de población: el envejecimiento fisiológico y determinadas enfermedades aumentan la vulnerabilidad ante temperaturas extremas.

Las consecuencias pueden ser todavía más relevantes en zonas que registran temperaturas especialmente elevadas durante el verano. Sevilla es uno de los ejemplos más representativos, con episodios de calor que obligan a reforzar las medidas preventivas entre la población de mayor edad. De esta manera, el cuidado de mayores en Sevilla cobra especial importancia para garantizar una hidratación adecuada, adaptar las rutinas diarias y reducir la exposición durante las horas centrales del día.

Por qué las personas mayores presentan una mayor vulnerabilidad

Con el envejecimiento se producen cambios fisiológicos que pueden dificultar la adaptación del organismo a temperaturas elevadas. La capacidad de regular la temperatura corporal puede disminuir y la percepción de sed puede ser menor, dos circunstancias que incrementan el riesgo de deshidratación.

El Ministerio de Sanidad identifica a las personas mayores como uno de los grupos especialmente vulnerables frente al calor extremo. A esta circunstancia se añaden enfermedades cardíacas, renales, diabetes, hipertensión, problemas de movilidad, demencia y otras patologías que pueden aumentar la susceptibilidad ante las altas temperaturas.

El riesgo puede ser especialmente elevado entre personas que viven solas o presentan algún grado de dependencia. En estas situaciones, tareas tan sencillas como beber agua regularmente, adaptar la alimentación, bajar persianas durante las horas de mayor radiación o permanecer en las zonas más frescas de la vivienda pueden requerir supervisión.

Además, determinados síntomas relacionados con el calor pueden pasar inicialmente desapercibidos. Cansancio intenso, mareos, debilidad, dolor de cabeza, confusión o alteraciones en el comportamiento pueden indicar que el organismo está teniendo dificultades para afrontar las temperaturas.

El impacto del calor va más allá del golpe de calor

Uno de los principales errores al valorar el riesgo de las altas temperaturas consiste en asociarlo exclusivamente con el golpe de calor. La exposición prolongada también puede provocar deshidratación, calambres, agotamiento e insolación, además de agravar patologías ya existentes.

Los datos de Sanidad muestran una relación clara entre temperatura y mortalidad. Según la actualización realizada en 2026, el riesgo de mortalidad aumenta entre un 9,1 % y un 10,7 % por cada grado en el que la temperatura supera el umbral establecido como riesgo para la salud.

Estos umbrales no son idénticos en toda España. Las condiciones climáticas y la adaptación de la población hacen necesario establecer referencias territoriales específicas. Por este motivo, el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud utiliza zonas de meteosalud para determinar los niveles de riesgo.

En 2026, el Plan permanece activado entre el 13 de mayo y el 30 de septiembre, con posibilidad de ampliar el seguimiento cuando las condiciones meteorológicas lo requieran. Esta vigilancia permite anticipar episodios potencialmente peligrosos y reforzar las medidas preventivas dirigidas a los colectivos más vulnerables.

El domicilio se convierte en un espacio clave para la prevención

Buena parte de la prevención se desarrolla dentro del propio hogar. Mantener una hidratación adecuada, realizar comidas ligeras, evitar esfuerzos durante las horas de mayor temperatura y permanecer en espacios frescos forman parte de las principales recomendaciones sanitarias.

Sin embargo, estas medidas pueden resultar más difíciles de mantener cuando existe deterioro cognitivo, movilidad reducida o pérdida de autonomía. Una persona con Alzheimer u otra forma de demencia puede no recordar cuándo ha bebido por última vez, utilizar ropa poco adecuada para la temperatura o presentar dificultades para identificar las señales de malestar.

En personas con Parkinson, las limitaciones de movilidad también pueden dificultar determinadas acciones cotidianas durante episodios de calor. La situación requiere especial vigilancia cuando coinciden edad avanzada, enfermedades crónicas, dependencia y ausencia de acompañamiento durante varias horas.

El seguimiento domiciliario adquiere así una función preventiva. La observación de cambios en el estado general, el mantenimiento de rutinas adecuadas y la detección temprana de síntomas pueden reducir situaciones de riesgo.

MimoCare refuerza el acompañamiento durante los meses de verano

La llegada del verano modifica algunas de las necesidades habituales de asistencia de las personas mayores. Empresas especializadas en atención domiciliaria como MimoCare destacan la importancia de adaptar las rutinas a las condiciones ambientales, especialmente cuando existen enfermedades asociadas a la edad o algún grado de dependencia.

El cuidado profesional en el domicilio permite prestar apoyo en actividades cotidianas y mantener una supervisión más estrecha durante los episodios de temperaturas elevadas. La hidratación, la alimentación, el descanso, el acompañamiento y la observación del estado general adquieren una relevancia especial durante estos periodos.

La prevención resulta particularmente importante entre personas mayores que viven solas, ya que la ausencia de acompañamiento puede retrasar la detección de síntomas relacionados con el calor.

Las previsiones sobre el aumento de episodios de temperaturas extremas sitúan la adaptación de los cuidados entre los principales desafíos asociados al envejecimiento. Frente a esta realidad, la atención domiciliaria, la prevención y la detección temprana se consolidan como herramientas fundamentales para proteger a una población especialmente vulnerable durante los meses más cálidos del año.

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