Fernando Flores, sacerdote de 89 años al frente de la parroquia de Cañada Rosal desde 1964, dejará su cargo como párroco titular para pasar a ejercer únicamente como sacerdote emérito. La decisión, adoptada por el Arzobispado de Sevilla, ha generado el rechazo de una plataforma vecinal que reclama su continuidad al frente de la comunidad.
El conflicto se desató después de que un grupo de vecinos presentara ante el Arzobispado un escrito en defensa de Flores y organizara una concentración frente a la sede de la Archidiócesis. La respuesta llegó por carta, firmada por el obispo auxiliar de Sevilla, Teodoro León Muñoz, quien descarta mantener a Flores como párroco. En el escrito, León Muñoz explica que las decisiones del Consejo Episcopal sobre cambios pastorales se toman atendiendo al conjunto de la diócesis, y concluye que no es posible que Flores siga al frente de la parroquia.
El sacerdote no se desvincula por completo: como párroco emérito, seguirá desempeñando buena parte de sus funciones habituales, con la salvedad de asumir la responsabilidad formal del cargo.
Los vecinos no se conforman
La explicación del Arzobispado no ha satisfecho a la plataforma vecinal, que ya prepara una nueva iniciativa para solicitar una audiencia con el vicario general y con el propio Arzobispo de Sevilla. Su intención es poder exponer directamente la situación pastoral de la parroquia.
Los vecinos defienden que existe un fuerte respaldo popular a la continuidad de Flores y alertan de que la reorganización pastoral podría afectar a aspectos como el uso del templo, la atención a los enfermos, la celebración de sacramentos, el acompañamiento espiritual y la vida comunitaria en general.
Más allá de estas cuestiones prácticas, la plataforma subraya el vínculo forjado durante décadas entre el sacerdote y el pueblo, y advierte de que su marcha supondría la pérdida de un referente para la comunidad católica local.
"Pedimos que don Fernando Flores continúe como cura titular, porque necesitamos un cura del pueblo para el pueblo", trasladan los vecinos, quienes insisten en que su reclamación no busca un enfrentamiento con el Arzobispado, sino abrir un espacio de diálogo.
Según su comunicado, la plataforma apuesta por la escucha y por una Iglesia cercana a los vecinos, y resume su petición en un único objetivo: ser escuchados y poder plantear sus propuestas de manera directa.
Por ahora, Cañada Rosal mantiene viva esta reivindicación en torno a un sacerdote que lleva más de sesenta años ligado a su parroquia. A sus 89 años, una parte importante del pueblo considera que su relación con la comunidad va mucho más allá de un simple cargo eclesiástico.