Comunicados

El sector primario refuerza su papel clave en la economía y la cohesión del mundo rural en España

27 de abril de 2026

El sector primario continúa consolidándose como uno de los pilares estratégicos de la economía española. Más allá de su función esencial como productor de alimentos, su impacto se extiende a ámbitos como el empleo, la vertebración territorial y la sostenibilidad. Según los últimos datos disponibles, en 2024 generó más de 40.000 millones de euros de valor añadido, lo que representa aproximadamente el 2,5% PIB, además de ser el sector económico que más creció ese año, con un incremento superior al 8 %.

Si se tiene en cuenta el conjunto del sistema agroalimentario —que abarca producción, transformación y comercialización—, su peso es aún mayor: supera el 8,6% PIB y concentra el 11,5% empleo en España. Estas cifras reflejan la relevancia estructural de un sector que, sin embargo, no siempre recibe la visibilidad que le corresponde.

Especialistas del ámbito económico y rural coinciden en que su valor no puede medirse únicamente en términos cuantitativos. El sector primario desempeña un papel clave en el equilibrio social y territorial del país, especialmente en aquellas zonas donde constituye la principal actividad económica.

La base del mundo rural y el papel clave de las pequeñas explotaciones

En municipios rurales, la agricultura y la ganadería son mucho más que sectores productivos: son el eje sobre el que gira la vida cotidiana. Localidades como Pajares de Adaja, en la provincia de Ávila, dependen directamente de estas actividades para generar empleo, fijar población y evitar el progresivo abandono del territorio.

La desaparición de explotaciones agrarias y ganaderas tendría consecuencias directas sobre la supervivencia de estos entornos. De hecho, uno de los principales retos actuales es el envejecimiento de la población activa en el campo y la falta de relevo generacional, una tendencia que pone en riesgo la continuidad del sector.

En este contexto, las pequeñas explotaciones adquieren una relevancia especial. Frente a modelos más intensivos o industrializados, su estructura familiar contribuye a mantener el tejido social y económico de los pueblos. No solo generan empleo directo, sino que permiten que familias enteras permanezcan en el territorio, consuman en el comercio local y participen en la vida comunitaria.

Además, su impacto se extiende a otros sectores económicos. La actividad de una explotación impulsa servicios asociados como veterinarios, transporte, suministros o mantenimiento, generando un efecto multiplicador en la economía local.

Un ejemplo de este modelo es Granjas San Antonio, una explotación ubicada en Pajares de Adaja (Ávila) que ilustra cómo una iniciativa de carácter familiar puede convertirse en un motor económico y social para su entorno. Su actividad no solo contribuye a la producción alimentaria, sino también a la dinamización del municipio y al mantenimiento de población en el medio rural.

Sostenibilidad, retos y futuro del sector

En los últimos años, la sostenibilidad se ha consolidado como uno de los ejes centrales del sector primario. La creciente demanda de alimentos producidos de forma responsable ha impulsado modelos como la ganadería ecológica, que priorizan el respeto al medio ambiente, el bienestar animal y los procesos naturales.

Este tipo de producción no solo reduce el impacto ambiental, sino que también mejora la calidad de los productos y refuerza la conexión entre el consumidor y el origen de los alimentos. En este sentido, iniciativas como Granjas San Antonio apuestan por este enfoque, integrando prácticas sostenibles que responden tanto a las exigencias del mercado como a la necesidad de preservar el entorno.

A pesar de su importancia estratégica, el sector primario se enfrenta a desafíos significativos. Entre ellos destacan el aumento de los costes de producción, el impacto del cambio climático —especialmente en forma de sequías— y las dificultades para atraer a nuevas generaciones al campo.

Sin embargo, el sector ha demostrado una notable capacidad de adaptación en contextos adversos, posicionándose como uno de los más resilientes de la economía española. Expertos apuntan a que su futuro pasa por reforzar modelos sostenibles, innovadores y arraigados al territorio, capaces de combinar rentabilidad económica con impacto social y ambiental.

En este escenario, el fortalecimiento del sector primario se presenta como una condición indispensable para garantizar la cohesión territorial y el desarrollo equilibrado del país. Más allá de su función productiva, su papel como sostén del mundo rural lo convierte en un elemento clave para afrontar los retos demográficos y medioambientales de España.

El caso de explotaciones como Granjas San Antonio evidencia que apoyar este tipo de iniciativas no solo implica consumir productos de calidad, sino también contribuir activamente a la preservación de los pueblos, el paisaje y una forma de vida que sigue siendo esencial para el conjunto de la sociedad.

Más sobre Comunicados