Sevilla se rinde un año más al rito del tapeo con motivo del Día Mundial de la Tapa, una celebración que convierte cada bar, taberna y terraza en un escaparate de su gastronomía más popular. Entre clásicos como la pringá, el adobo o los montaditos, la ciudad recupera el ambiente distendido de las rondas de tapas, una tradición que trasciende horarios y generaciones.
Los imprescindibles del tapeo sevillano
La pringá, ese guiso de carnes desmenuzadas que se sirve en un pan crujiente; el adobo de pescado, con su punto de vinagre y especias; y el Piripi, una tapa que combina lomo, queso y pimiento, son algunas de las tapas más buscadas. Los montaditos, en sus múltiples versiones, completan la oferta de los bares clásicos que participan en esta jornada.
El origen de la tapa, entre la leyenda y la costumbre
La tradición del tapeo en Sevilla bebe de historias que se remontan al siglo XIII, cuando según la leyenda, el rey Alfonso X el Sabio ordenó que en los mesones se sirviera vino con una pequeña porción de comida para evitar los efectos del alcohol. Otras versiones apuntan a los agricultores que cubrían sus copas con una rebanada de pan o jamón para proteger la bebida del polvo. Sea cual sea el origen, lo cierto es que la costumbre arraigó con fuerza en la ciudad.
Un recorrido por los barrios
El Día Mundial de la Tapa invita a recorrer la Macarena, Triana, el centro o la Alameda, donde la oferta de bares se multiplica. A cualquier hora del día, entre las once de la mañana y la medianoche, los sevillanos y visitantes disfrutan de estas pequeñas obras maestras culinarias. El ambiente, con grupos de amigos y familias compartiendo mesas, refleja el carácter social de la tapa.
La jornada, que se celebra cada año en junio, pone de relieve la importancia de la tapa como seña de identidad local y motor de la hostelería. Sevilla reivindica así un legado que sigue vivo en sus bares de siempre.