El Real Betis y el estadio Benito Villamarín forman parte de uno de los episodios más recordados del Mundial de España 1982, cuando la legendaria selección de Brasil convirtió a Sevilla en uno de los epicentros del fútbol mundial. Heliópolis fue una de las sedes del torneo y acogió dos encuentros de la canarinha, en una etapa en la que el combinado sudamericano despertó una enorme expectación por el talento de jugadores como Zico, Sócrates, Falcão o Éder.
Durante su estancia en la provincia, el equipo se alojó en el Parador de Carmona y entrenó en Mairena del Alcor, en el estadio San Bartolomé, donde el césped estaba en perfectas condiciones. La presencia de la selección brasileña convirtió cada sesión en un acontecimiento multitudinario, con miles de aficionados y una gran cobertura mediática.
El Benito Villamarín, hogar del Real Betis, fue escenario de dos de los partidos más destacados de aquella fase de grupos. El primero se disputó el 18 de junio de 1982, con victoria brasileña por 4-1 ante Escocia, en un encuentro que dejó imágenes inolvidables por el juego ofensivo del combinado dirigido por Telê Santana. Días después, el conjunto sudamericano volvió a Heliópolis para imponerse por 4-0 a Nueva Zelanda, confirmando su condición de gran favorito.
El Betis tuvo un papel destacado en la organización y acogida del equipo brasileño, reforzando la conexión entre el club verdiblanco y una selección que cautivó a la afición sevillana. La sintonía entre ambas partes contribuyó a crear un ambiente único en el Benito Villamarín durante aquellos días mundialistas.
Aunque Brasil terminaría cayendo eliminada ante Italia en el tramo final del torneo, su paso por Sevilla dejó una huella imborrable. El Benito Villamarín y Mairena del Alcor quedaron unidos para siempre a aquella selección histórica, que es recordada como una de las más brillantes que ha disputado un Mundial.