Independencia, comunidad y una rutina propia. La experiencia universitaria ya no se limita al aula, y el alojamiento se ha convertido en la decisión que más influye en cómo se vive el primer curso.
Septiembre devuelve a las aulas a los universitarios españoles, y entre ellos a miles de estudiantes que este año estrenan carrera. Para ellos el curso no empieza con una matrícula: empieza con una mudanza, una ciudad nueva en muchos casos y la primera oportunidad real de organizar su vida a su manera.
Es, probablemente, el año más intenso de toda la etapa universitaria. Se conoce a la gente con la que se compartirán los cuatro años siguientes, se aprende a gestionar el tiempo y el dinero, se descubre una ciudad y se construye una identidad propia fuera del entorno familiar. Y todo eso ocurre, en buena parte, fuera de clase.
De ahí que elegir alojamiento haya dejado de ser un trámite logístico. Frente al piso compartido tradicional, cada vez más estudiantes y familias optan por residencias universitarias y alojamientos específicos para estudiantes, como los de Livensa Living, que combinan independencia con una comunidad ya formada desde el primer día.
Quienes ya han pasado por ello lo resumen en términos muy prácticos. "En una residencia de estudiantes puedes socializar con otros estudiantes y conocer a nuevas personas, estudiar y hacer actividades juntos después de estudiar", explica Carlos, residente de Livensa Sevilla.
Qué aporta vivir en una residencia desde el primer año
Desde el sector señalan varias razones por las que este modelo se ha consolidado entre los estudiantes de primero:
Comunidad desde el día uno. Convivir con cientos de estudiantes de distintas carreras y nacionalidades acelera la integración y amplía el círculo más allá del propio grado.
Independencia sin la carga doméstica. Habitaciones con baño privado, servicios incluidos y todo resuelto: ni contratos de suministros, ni averías, ni gestiones que restan tiempo al curso.
Espacios pensados para estudiar. Salas de estudio y bibliotecas, zonas de trabajo en grupo y wifi de alta velocidad, para no tener que convertir el dormitorio en biblioteca.
Vida más allá del temario. Gimnasio, sala de juegos, cine, terraza y, en algunos casos, piscina, además de un calendario de actividades que convierte el edificio en un sitio donde apetece estar.
Cerca del campus. Ubicaciones bien conectadas que recortan desplazamientos y devuelven horas a la semana.
Un equipo detrás. Personal que acompaña al estudiante en la adaptación, especialmente durante las primeras semanas, con recepción 24/7, control de acceso y videovigilancia.
Ese último punto —el de la vida en común— es el que más ha evolucionado. En Livensa Living se articula a través de Community Life, su programa de actividades: arranca con dinámicas para romper el hielo entre los recién llegados y continúa durante todo el curso con fiestas de bienvenida, eventos temáticos, clases de cocina y talleres deportivos. Todo ello dentro de una propuesta con precio cerrado, que incluye habitaciones y estudios totalmente equipados y amplias zonas comunes.
La comparación con el piso compartido es inevitable, y los propios residentes la hacen. "Para mí elegir la residencia es mejor que elegir un piso compartido sobre todo los primeros años que estudies en la universidad porque sí que es verdad que estás en contacto con mucha más gente haces muchas más amistades y también pienso que es bastante más sencillo ya que son más fáciles de encontrar y están mejores comunicadas la mayoría de ellas", explica Jandro, residente de primer año en Livensa Living Madrid Aravaca.
Porque el primer año de universidad se recuerda toda la vida. Y buena parte de lo que se recuerda no ocurre en el aula, sino fuera de ella.