El hambre en el mundo no es solo una cuestión de producción agrícola o conflictos bélicos. La edición 2026 del informe 'El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo' (SOFI), elaborado por la FAO, el FIDA, UNICEF, el PMA y la OMS, apunta directamente a la distribución como el principal factor que encarece los alimentos. Según el documento, entre el 70% y el 75% del coste final de una dieta saludable se genera después de que el producto abandona el terreno de cultivo.
El presidente del FIDA, Álvaro Lario, advirtió: “El SOFI nos dice que el coste de una dieta saludable sigue aumentando y que casi 2.700 millones de personas no pueden permitírsela. Las cadenas de valor resilientes deben ser una parte central de la respuesta”. Por su parte, el economista jefe de la FAO, Máximo Torero, señaló la necesidad de “mejores instalaciones de almacenamiento, mejor logística y sistemas de refrigeración” para reducir los cuellos de botella que encarecen los alimentos.
El director general de la FAO, Qu Dongyu, subrayó que “el informe muestra que el progreso es posible, pero debemos ir más rápido. Acabar con el hambre y hacer que las dietas saludables sean asequibles requiere compromiso político, inversión sostenida y políticas habilitadoras”.
América Latina, la dieta más cara
América Latina y el Caribe registran la dieta saludable más cara del planeta: un promedio de 4,91 dólares al día en 2025, frente a la media mundial de 4,28 dólares. En el Caribe el coste asciende a 6,04 dólares. Estos precios impidieron que el 25,7% de la población regional (172 millones de personas) pudiera permitirse una alimentación equilibrada. La paradoja, según la ONU, es que América Latina es una de las mayores potencias agrícolas y exportadoras del mundo. Máximo Torero atribuyó el alto coste a “modelos productivos volcados en la exportación, que descuidan la logística para la distribución y diversidad alimentaria dentro de los propios países”.
Consumo local, ahorro global
El informe también apuesta por orientar el consumo hacia productos locales y tradicionales. Según las estimaciones de la FAO, esta estrategia permitiría un ahorro global del 34% en el coste de una dieta sana. En África, donde 309 millones de personas sufren hambre, Torero destacó que la adopción de cultivos autóctonos supondría “un ahorro de hasta el 80%”.
Finalmente, el SOFI 2026 desmiente la idea de que la vida rural garantiza comida fresca barata: los alimentos perecederos llegan a costar “más del doble en las zonas rurales aisladas que en los grandes centros urbanos”, debido a fallos estructurales de transporte y distribución.